8.12.12

Antes del fin del mundo o de que se nos acabe la vida.

Si fuera cierto que los mayas fueron capaces de predecir la catástrofe y faltaran dos semanas para que llegue el fin del mundo, me preguntaron, ¿qué harías con los días que te quedan? 

Pensé que la respuesta era sencilla, pensé que hacer una lista de "lo que quiero hacer antes de morir" era algo sencillo. Error. Me hice bolas entre dilemas éticos y morales y no pude completar más de dos ideas sin sentirme culpable porque todos mis planes o deseos eran en solitario, o no, pero al menos no pude visualizar alguien cercano con quien compartirlos. 

Comencé ennumerando deseos: viajar, viajar y viajar más lejos, viajar para probar delicias, subir, bajar y asombrarme por las maravillas del mundo. El caso es que mi deseo es viajar. Y no estoy segura de que mis hijas o amigos también deseen lo mismo, y creo que ese ha sido el motivo por el que no comparto mis días con alguien en especial. 

Así que el debate acerca del supuesto fin del mundo, fue entre si deberíamos quedarnos en casa y pasar esos días con los seres queridos o salir a rompernos la madre con intensidad y no dejar nada pendiente por hacer, conocer los rincones de lugares y personas que esperan  por ser explorados. Y bien, entre pensar y repensar, llegamos a la conclusión de que si la pregunta es un mero supuesto, también se valía suponer que la pregunta estaba dirigida a cada uno de nosotros como individuos y que cada quien eligiera con libertad lo que quiere hacer con su vida, que por un momento no importe estar lejos o cerca de las personas que amamos. Supongo que sería algo triste o medio complicado eso de enfrentar el fin del mundo en soledad, sin nadie a quien abrazar o ver por última vez. También supongo que lo ideal es compartir con las personas que amas los gustos y ganas, pero no siempre es así, o yo no he tenido la suerte de emocionar a los demás con mis ganas y mis gustos. Pero como esto se trata de suponer y a la hora de la hora nos morimos solos. Sólo nosotros con lo que hicimos o no hicimos y después de eso ya nada debe importar mucho.

El caso es que la propuesta final fue: Si no importaran los lazos emocionales y pudieras hacer cualquier cosa que quieras, ¿qué harías si supieras que va a llegar el fin del mundo? Casi todas mis respuestas inician con: Me iría a... La pregunta es, ¿por qué no me voy?

¿Por qué no nos vamos?


19.11.12

Un altar que no

Tantos años poniendo altares para muertos que no eran nuestros y el día que por fin tenemos uno propio, no sabemos cómo vivirlo. Y es que no pude ponerte un altar, de verdad pensé en todo lo que te gusta (debería decir gustaba pero aún no sé hablar de ti en pasado) y podrías disfrutar si decidieras visitarme. Pensé en pan de dulce, colación, fruta critalizada, vino, tequila, nueces, cacahuates, hay tantas cosas ricas que podría poner para ti,  pero la verdad es que no pude.

Sería como si entendiera que ya no estás, y que nunca voy a volverte a ver porque estás muerto. El problema es el nunca. Si por algún motivo, de esos que la vida pone entre las personas tan a menudo, supiera que no voy a verte por uno, dos o quince años, no habria problema, porque siempre existiría la posibilidad del encuentro, aunque se pospusiera una y otra vez, la existencia de la posibilidad es suficiente. Es ese nunca maldito el que echa todo a perder. Y no es que ande por ahí llorando por ti y por los recuerdos. No. Aprendí a controlar y a evadir los temas dolorosos, me enseñaste bien.

El problema fue cuando Pau me recordó que ya teníamos un muerto propio. Que podíamos ponerte el altar a ti. Chingadamadre. Fue como si recién me hubieran dicho que habías muerto. Los días siguientes evité el tema tanto como pude, pasé por donde vendían calaveritas y dulces y no me detuve a ver los nombres, ni siquiera saqué la caja con el papel de china, las flores que guardé del año pasado. Me hice tonta. Ni siquiera quise ir a casa de Marigé porque sabía que ella pondría un altar y  que su papá tendría un lugar para llegar y tú no. Sería como si entendiera que estás muerto y no te voy a volver a ver. Y eso todavía no sucede. Sigo diciéndome que no hablamos porque estamos ocupados pero que ya viene diciembre y, como siempre, tú irás unos días, yo iré unos días, nos veremos, platicaremos de algunas cosas, yo te diré que estoy bien y que todo en mi vida está en orden. Tú me dirás que estás bien, mientras comes algún dulce o abres una nuez y yo veré tus manos cada vez más temblorosas y me pondré triste porque es entonces que entiendo que la vida pasa sobre nosotros, la hayamos sabido aprovechar o no.

La verdad es que no nos enseñaron a vivir la muerte de esa forma, la muerte era algo lejano y triste. En casa no existieron altares con calaveras ni papel de colores, ésas eran cosas del sur, decías.. Lo que recuerdo de la muerte y del Día de Muertos es el olor de las veladoras y las baldosas recién mojaditas del panteón, los pinos altos y las tumbas en las que jugábamos durane horas a las escondidas. Recuerdo acarrear baldes con agua y barrer las hojas de los árboles. Recuerdo las flores y la solemnidad con la que había que estar ahí. Yo me preguntaba por qué hacías todo eso si ni te importaban esos muertos, salvo mi abuela, pensaba que si de verdad te importaran hablarías de ellos y los irías a visitar cualquier otro día, no sólo ése. Pensaba que era una forma rara de querer a los muertos y pues ni te creía que los extrañaras.

Ahora pienso que tal vez aprendí de ti a no saber cómo vivir la muerte. Que tal vez este no saber dónde ponerte es lo mismo que tú hiciste con tu padre. Quizá sí lo extrañabas y sí te faltaba su presencia pero no sabías hablar de él en pasado, porque sería como si entendieras que estaba muerto y nunca más ibas a volver a verlo. Me hubiera gustado que me hablaras del abuelo Luis y de cuánta falta te hacía. Me gustaría poder decirte cuánta falta me hiciste entonces y cuánta falta me haces ahora.

En estos días te he encontrado por aquí y por allá. Tomé algunas cosas de tu cocina, como la tapadera de una olla, la cuchara para la ensalada, el rayador de queso. Ahora encontré unos seguros en un cajón, por lo viejo de la cartera parece que fueron de tu abuela. También tengo tu suéter y el chaleco que tanto te gustaba. Tus fotos y algunos papeles que guardé por si algún día...no sé, algo. No sé si el año próximo te pondré un altar, tal vez sí porque Ani estará de regreso y podremos hacerlo juntas. Tal vez el año próximo ese nunca al que no me he podido enfrentar tenga otro tamaño y tú y yo podamos sentarnos en algún lugar del tiempo a tomarnos un tequila.


19.9.12




Nos lleva la vida. Navegamos sobre una corriente lenta y, aparentemente, pacífica que

esconde corrientes y remolinos y que, al final, serán los que nos mueven y mantienen la

vida en circulación. Vamos sobre la vida y dentro de ella, nos lleva mientras vemos y

encontramos sorpresas en el camino.

Yo voy sobre una llanta, veo el cielo y los árboles que dan sombra desde la orilla y pretendo

ignorar que unos kilómetros más adelante esta placidez se convertirá en una cascada y una

vez que caiga en ella no sé lo que sucederá.

Sé nadar, no temo al agua pero tengo miedo a la caída. Y tú, ¿cómo navegas? ¿hacia donde

va tu río?


18.6.12


Anoche recordaba a mi papá y llegaron imágenes de momentos que viví con él, vi años de nuestra vida pasar como una película y entendí que lo mejor que me dio mi padre fue mi infancia. Tuve una linda infancia a su lado, se encargó de darle risas, fantasía y aventuras para que yo aprendiera a soñar con una realidad distinta a la mía. Una donde yo era otra, con súperpoderes.

Mi papá nos contó cuentos, jugaba con nosotras al lobo y las escondidas, nos llevaba al mar en vacaciones y de día de campo en tiempo de escuela. Nos llevaba a caminar entre los árboles y a juntar bellotas en otoño, en verano íbamos a nadar en los ríos y, lo que más aprecio, confiaba que íbamos a saber qué hacer si teníamos algún problema.

Tengo una imagen de mi infancia: voy sobre la espalda de mi padre adentrándonos en el mar, las olas nos mueven y yo me sostengo con fuerza abrazada a él. Creía firmemente que mientras estuviera a su lado nada me iba a pasar. No era cierto, pero en ese momento no lo sabía y eso es lo importante, yo creía en él y en mí a su lado.

Varias veces estuve a punto de ahogarme y no se dio cuenta. La primera vez, al menos la que recuerdo, fue casi junto a él. Mis pies dejaron de tocar el fondo y la desesperación se apoderó de mí, me hundía entre manotazos y patadas y sentía que el agua me tragaba. Recuerdo que pensé si eso era morir y algo pesado como la tristeza me invadió. Yo no quería morir, estaba de vacaciones y acababa de conocer el mar, había hecho amigos y tenía un cangrejo ermitaño escondido en una caja de galletas dentro de la habitación. Dejé de moverme y noté que mi cuerpo flotaba y el agua misma me regresó a la superficie. Subí buscando esa bocanada de aire y salí asustada, mucho, pero no grité ni hice aspavientos. Me quedé un rato jugando en la orilla, nadie se dio cuenta que esa niña estaba viva de puro milagro y hacía esfuerzos por no llorar. Cuando por fin llegué hasta donde él leía y me preguntó cómo había estado el agua, le respondí que bien y me fui corriendo para que no descubriera que mentía. Intuitivamente lo supe, entendí que él no me podía salvar pero no importaba. Lo que importaba era su confianza, saber que él me llevó a esos lugares porque quería que sintiera el lodo o la arena en mis pies, el agua y la sensación de flotar, el aroma del pasto y la brisa y no temía por mí o mis hermanas. La vida desde entonces fue eso, vivir sin miedo. Con su despreocupación me enseñó a confiar en mis instintos y a saberme hábil en la naturaleza. Eso fue su mejor regalo.

Gracias, papá.

26.2.12

Ayer dejé de sentir culpa por decir que no a una propuesta que en otro momento hubiera sido motivo de una alegría. Y es que,precisamente, el tiempo fue el motivo, la propuesta llegó en otro momento: tarde.

Sucedió de pronto, mi memoria proyectó la versión sin cortes (que en algún momento eliminó) de una relación a la que dediqué más de mí misma de lo sanamente recomendable. Me detuve en algunas escenas, las repasé y me vi ahí, viviendo momentos que yo creí me llevarían a encontrar a la verdadera persona que estaba al otro lado del puente. Y así fue. Del otro lado del puente se encontraba un hombre comprometido con sus ideas, congruente al actuar de acuerdo a ellas, con un pasado difícil de olvidar y con miedo a abrirse de nuevo. Sin embargo, de vez en cuando, ese hombre era sensible y tierno, y yo vivía esperando ver aparecer esa versión. Algo que no sucedía a menudo. Yo creí que si esperaba lo suficiente, él terminaría por darse cuenta que mi amor le hacía bien. Sucedió, algunos años después, cuando yo había decidido dejar de convencerlo y me encontraba lejos de lo que entonces sentí. Un buen día, él reapareció. Dijo que después de pasar tiempo solo, y acompañado, descubrió que conmigo quería vivir los últimos años de su vida. Me explicó algo sobre el amor reposado y la tranquilidad, me habló de la pasión y de los proyectos compartidos; habló también de cuánto extrañaba a aquella persona que era capaz de dejar todo y a todos por él. Me tomó de la mano y yo volví a sentir ese dolor de estómago que experimentaba cada vez que no llenaba sus expectativas. Intenté ser lo más sincera posible. Expliqué las razones por las que creía que estábamos mejor separados. Hay atracción, es sencillo estar juntos pero es aún más fácil echarlo a perder cuando él se moleste porque yo no hago algo que él espera. Sin embargo, desde ese día hasta ayer, pensé que dejar ir a alguien que tanto había significado en mi vida era un error.

Ayer entendí que no, que esa versión de mí la elaboré a su medida y que ya no me funcionaba. Que jamás podría volver a ser eso ni me dejaría de lado para llenar sus expectativas. Que sí, lo amé y seguramente lo voy a querer siempre, no puedo darle la mejor parte de mí para ser criticada a la luz de las teorías de importantes sociólogos y antropólogos.

No dolíó. Fue liberador y, supongo, que dentro de él también algo se liberó. Ya no hay culpa. Y fue así como, después de más de dos años, entendí que cuando algo se rompe, por más que se intente restaurar, nunca será lo mismo. Y si lo que buscamos es el pasado, solamente lo encontraremos en los registros, en ningún otro lugar.

14.11.11

Bitácora de la dilación

dilación.
(Del lat. dilatĭo, -ōnis).
1. f. Demora, tardanza o detención de algo por algún tiempo.

procrastinar.

(Del lat. procrastinare).
1. tr. Diferir, aplazar.

Hay días, como éste, que  no sé por dónde empezar. Abro una puerta y se cae el mundo. Abro otra y se desploman los sueños. Pienso en abrir una tercera y el miedo me paraliza. En vez de eso, procrastineo sin proponérmelo, sin querer hacerlo, deseando tener fuerza para levantarme y tirar las puertas y dejar sólo espacio abierto.
Hay un universo de segundos que germinan dentro de la dilación, si me se propusiera hacer tantas pendejadas en forma programada y por obligación, no me alcanzaría el tiempo. Y supongo que ésa es la esencia de procrastinar: permitir que el tiempo fluya a su ritmo conmigo dentro de él. Escondida bajo una manta o bajo la sombra de este árbol que se extiende y sirve de guarida.
Reviso las tareas pendientes en la página del máster / ¿Hago la tarea? No. Lo dejo para más tarde. / Reviso mi correo buscando la respuesta de mi jefe. Nada / Abro facebook y veo unas 30 fotografías de tiburones que subió un amigo / Sigo en facebook y leo la denuncia de una golpiza / Paso a twitter: Leo los dos días atrasados y escribo cuanta idea aparece flotando por aquí. / Cambio mi boleto de avión / Pongo música / Me preparo un té / Abro la página del Encuentro de cultura lectora y sigo la conferencia en vivo vía internet / Me preparo otro té / Desayuno / Reviso otra cuenta de correo / Contesto el teléfono / Escribo un poco / Abro un archivo / Busco el pronóstico del clima / Veo por la ventana / Enciendo una paja de incienso / Tuiteo / Decido que es hora de comenzar a trabajar /

Si ustedes quieren ver un excelente video sobre el tema, vayan aquí.

13.9.11

Golpes

Encuentro, a diario, a mujeres agredidas por hombres que intentan demostrar superioridad o pretenden ocultar el miedo. Mujeres con marcas en la piel o en el alma y que no saben cómo defenderse sin ser juzgadas por la sociedad. Es más el temor a un "tú te lo buscaste" que la necesidad de buscar apoyo.

Las mujeres callan y se preguntan qué hacer para mantenerse a salvo o al menos mantener al agresor lejos de ellas. Los hombres callan y actúan como si nada pasara, como si sus golpes, gritos, abusos fueran lo normal.

Los hombres buscan una provocación para descargar la frustración por su miseria, por no ser lo que soñaron, por estar con mujeres que los aceptan como son.

Todos callamos y avanzamos en silencio creyendo que hemos evolucionado cuando cada golpe, cada insulto, cada violación nos acerca al vacío de ser nada.






11.9.11

Aprendí

Nadie me enseñó a temerle a los grillos ni a las arañas,
tampoco recuerdo haber aprendido el temor a los truenos o la oscuridad.
Me enseñaron, en cambio, a temerle a la soledad
y a los hombres.

8.8.11

Viveros

Recibo un mensaje de Pau que dice: ¿Qué debe decir el letrero del camión que me lleva al metro? Después de leerlo imagino a mi hija caminando por la Ciudad de México con su sonrisa y su asombro. Imagino una mezcla de miedo y emoción en esa primera aventura en la granciudad. Después del vuelco en el estómago al recordar la forma en que los pasajeros la veían hace unos días cuando intentamos viajar en metro, como parte de su inducción a la vida estudiantil, le digo que debe decir Viveros. Comienzo a dar indicaciones sobre en qué estación cambiar de línea, qué dirección tomar y callo todas las que dirían: Cuídate. La imagino caminando por la estación sin darse cuenta de las miradas, saliendo del subterráneo y asombrándose con la cúpula de Bellas Artes. Primer día en la ciudad más grande del mundo by her self, sé que va a estar bien. Lo supe desde aquella vez que la vi caminar entre las mesas de un enorme establecimiento de pizzas, con sus casi tres años a cuestas, sin voltear para asegurarse de que la seguíamos o estábamos con ella. Simplemente caminaba y sonreía, se acercaba a platicar cuando le sonreían y seguía su exploración. Regresó sin miedo y sé que así regresará esta tarde cuando baje en la estación Viveros y tome el microbus que la llevará la que ahora es su nueva casa.

26.4.11

Un libro

Una vez abrí un libro y sólo encontré letras, signos de puntuación y la fotografía de un autor que miraba hacia otro lado. Me gustó el olor a tinta y a hojas nuevas, fue como regresar al primer día de clases de muchos años atrás.

Una vez abrí un libro y me atreví a hojearlo, encontré palabras como soledad, nostalgia, desesperanza, entrega, corre, sueño, escapatoria. Algunas de ellas me resultaron familiares.

Una vez abrí un libro y encontré una voz que me dijo: ven, y fui. La voz comenzó a contar una historia. Fue tan dulce que me senté a escuchar con atencíón. No me despegué de ahí hasta que la historia terminó, yo apenas podía respirar y tenía ganas de abrazarme a alguien para llorar por lo que acababa de escuchar.

Una vez abrí un libro y escuché de nuevo esa voz: Intenté correr y la voz dijo: no temas, tengo tantas historias que puedo contar algo que te haga reír, si eso es lo que deseas. Me senté, escuché y no sólo reí, sino que me enamoré y quise escuchar más.

Una vez abrí un libro y una vida comenzó.

8.3.11

Ser mujer



Ser mujer
                                       saberse vida

ser vida
                                      saberse aire
ser aire
                                      saberse libre
ser libre
                                      y volar...

10.2.11

Una imagen

Las fotografías son cápsulas del tiempo, al abrirlas se despliegan sensaciones, estados de ánimo y recuerdos encadenados a un momento. Son mucho más que imágenes, una fotografía detiene el tiempo.
Reviso una carpeta con fotografías tomadas hace unos días, y mientras elimino las que no me gustan, hay una que llama mi atención porque la imagen está cortada; cuando estoy a punto de eliminarla encuentro mi sonrisa buscando el sol. Sonrío, no mucho, lo suficiente. Estoy en la puerta que da al pequeño patio, recostada, tomando el sol.
¿Qué recuerdo de ese día? Frío. Sol de invierno. Medio día. Colibríes. Colores. Vuelos. Sombras. Juegos. Sonrisas. Calor. Tiempo a 33 rpm. Cielo azul. Aquí y ahora.

4.2.11

El tiempo

Esa mañana pensaba en el tiempo, en su andar siempre hacia delante. Le pregunté si podía detenerse un poco, sólo por esa vez. Dijo que no, que eso era imposible, y aunque sabía la respueta, volví a insistir. Mientras perdía el tiempo insistiendo, él continuó su camino convirtiendo ese presente en recuerdo. Lo vi transcurrir, su andar sin fin.Desde la ventana, la luz entró y giró durante horas; por la tarde, dijo adiós.

Días después, encontré esto:


11.1.11

Veredas

Me di cuenta que no había hecho ningún resumen del año que se iba. Pensé que quería hacerlo o creí que debía hacerlo, en realidad no estoy segura, pasaban los días y no aparecía nada claro, ni una lista o balance. Yo no sabía cuál era el saldo de esos meses y creo que, en realidad, me daba miedo asomarme a ellos para revisar lo que sucedió en el día a día y que entre tantas prisas no tuve tiempo de valorar mientras era presente y no pasado.

Me di cuenta que no sé decir adiós y no me sienta bien dejar ir lo que significó y dejó huella. Creo que ésa es la razón. Siempre digo: hasta pronto, no sé decir adiós.

Sin embargo el tiempo pasa y los días se suceden sin que pueda detenerlos. No puedo retener lo que ya se ha ido, no soy capaz de decir adiós y me aferro a uno que otro recuerdo como si con ellos pudiera hacer más corta la distancia.

Sé que el balance fue bueno: hubo más sonrisas, y no hubo tiempo de llorar o no quise o no supe. Sólo tengo el camino hacia algún lugar y espero andarlo. Quisiera que en ese camino estuvieran quienes han iluminado los días o algunos de ellos y creo que si retengo sus recuerdos lo suficiente, un día aparecerán de vuelta para decir, ¿vamos? Y caminar será de nuevo lo que solía ser, tal vez todavía mejor pues estará lo que se suma e ilumina sin importar si hace frío.

Definitivamente el balance es positivo. Detrás de esos días quedaron puertas que se abrieron y cerraron. Manos y rocas. Agua y profundidad. El miedo que se aleja con un batir de alas y el aleteo que anuncia la vida.

Queda la vida y el camino que tomo cada día. Hoy digo: gracias por los días y cada puesta de sol. Que las veredas se crucen y se conviertan en una sola.

Yo solo pido que pase un viento y me lleve en él hacia donde debo ir, aunque aún lo desconozca pero lo presiento.

6.1.11

Día de Reyes

De las historias de la Biblia que escuché de niña, una de las que más me gustaba era la de los Reyes Magos, me parecía genial que unos tipos, que sabían leer el cielo, después de ver una estrella interpretaran un mensaje y después de preparar maletas salieran disparados hacia un lugar que ni siquiera sabían dónde quedaba.

Creo que me llamaba la atención la forma en que los representaban, sus trajes exóticos de capas de colores, sus turbantes y, sobre todo, los regalos que llevaban consigo. Yo no sabía qué era la mirra, pero sonaba a algo importante para ese rey si la llevaba cargando desde casa para ofrecerla como regalo a un niño recién nacido; tampoco tenía muy claro si el incienso era valioso o no, todo lo que conocía del incienso eran unos conitos que mi mamá prendía para que la casa oliera bien de vez en cuando. No recuerdo cuál era el otro regalo.

En realidad no tenía clara la intención de querer validar a través de esos viajeros la importancia del acontecimiento. Es decir, si ellos viajaban hasta allá para rendir tributo a un niño recién nacido, es porque era verdad que era el hijo de Dios y ellos lo reconocían, así que el tonto de Herodes era un ciego por tenerlo enfrente y no recoconocerlo. Podía haber pasado a la historia como el primero en rendir tributo, pero en cambio el temor a perder el poder le hizo cometer un infanticidio. Mal por Herodes. Eso fue lo que aprendí cuando era niña, ahora me gustaría conocer la historia real.

Aunque en realidad lo que más me gustaba era el hecho de que esos reyes eran magos. Para mí los reyes eran señores aburridos que sólo se dedicaban a mandar y defender reinos y esos reyes eran la onda, se daban tiempo de aprender cosas divertidas como la magia y creían en cosas como estrellas en el cielo que daban señales. Imaginaba que en su tiempo libre en vez de pedir a un bufón que hiciera magia para entretenerlos, eran ellos los que llevaban a cabo actos para sorprender a su corte, tal vez desaparecían cuando recibían una visita poco deseada y luego aparecían por aquí o por allá. Entretenían a los niños apareciendo animales o dulces y desapareciendo las verduras ¿No son geniales?

Pero creo que lo que más me asombraba era su disposición a la aventura. ¿Quién en su sano juicio se lanza a atravesar distancias sólo porque vio una estrella? Y luego viene eso de que cada uno salió de casa por su lado, no se pusieron de acuerdo, y simplemente se encontraron en el camino. Después de platicar un rato se dieron cuenta que iban hacia el mismo rumbo y decidieron hacer el viaje juntos. Ninguno quiso ser protagonista de la historia ni pretendió deshacerse de los otros dos para ser el primero en llegar, como solía suceder en otras historias que leí o me contaron. Simplemente viajaron juntos y cada uno llevó un regalo, sólo para decir: Niño, supimos que acabas de nacer y aunque tus papás no parecen ser ninguna celebridad, la estrella nos dijo que eras el acontecimiento del año, así que vinimos a conocerte.

Sí, los Reyes Magos era la onda. Lástima que en mi casa no los celebraban, así que no me tocó disfrutar de su generosidad, sino, con mucho gusto les hubiera pedido que trajeran todo lo que el señor gordito del traje rojo no me regalaba. Pues ese tal Santa Claus sí que era un necio, ¿para qué diablos le escribía uno una carta pidiéndole los regalos que quería en forma muy específica, si el hombre ni siquiera las leía o tenía problemas de comprensión? Porque al final, llevaba lo que le daba la gana y yo tenía que conformarme con la esperanza de que el próximo año sí le atinara.

Ahora les pediría que me llevaran de viaje. Sí, muchos viajes. También que me enseñaran algunos trucos de magia y, por supuesto, a buscar señales en el cielo.

13.12.10

Un buen fin

Es genial salir un fin de semana con amigas y tomar el camino por sorpresa. La idea original era hacer un viaje para acompañar lo que amenazaba ser un proceso doloroso. Cambio de planes. El ritual se realizó por adelantado y el círculo ya estaba cerrado. Fin de la historia.

Y ahora, ¿qué hacemos? Plan B: Disfrutar la compañía y reír tres días seguidos.

¡Bien por el Plan B!

¿Qué incluyó el Plan B? Charla, comida, risa, más charla y más risa. En ocho horas de carretera y dos noches en habitación compartida se pueden abordar muchos temas. Al parecer los agotamos todos. Además hubo música, baile y más risas, acompañados de palabras y nombres en turco que no recuerdo pero fueron el complemento perfecto. Claro, también hubo compras: excelente descubrimiento de un mercado de productos orientales y descuentos prenavideños en el mall, que al parecer aprovechamos muy bien.

Visita a Desert Divers para conocer el nuevo local y revisar las novedades. Salí de ahí con una sonrisa, un hermoso visor nuevo (después de que el mío murió de una mordida de conejo), un pachoncito hooded vest que promete ser la mejor protección contra el frío y guantes de 4 mm porque planeo sumergirme en aguas heladas en busca de nudibranquios. Lo mejor: una invitación a navegar y bucear con el mejor instructor de los alrededores, en busca de invertebrados invernales y cetáceos. Cuento los días para que llegue el próximo año y comience la temporada de buceo, mucho antes de lo esperado.

10.12.10

Satsuki se despide

   "Hitoshi.
   Yo ya no podré estar aquí. Voy hacia delante a cada instante. No hay más remedio, es el flujo del tiempo que no puede detenerse. Seguiré.
   Termina una caravana y empieza otra. Habrá personas a quienes encontraré de nuevo. También habrá otras a quienes no veré jamás. Las que se van sin que yo lo sepa, las que simplemente se cruzan conmigo. Siento que soy cada vez más pura, intercambiando saludos con los demás. Debo vivir mirando cómo fluye el río.
   Ruego con todo mi corazón que sólo la imagen de una Satsuki joven permanezca siempre a tu lado.
   Gracias por decirme adiós con la mano. Gracias por decirme adiós con la mano, muchas, muchas veces."

Fragmento de Moonlight Shadow de Banana Yoshimoto, en Tusquets (2009)

Encontré a Banana Yoshimoto y sus textos me han llenado de imágenes y de nostalgia. Es extraño darme cuenta que puedo identificarme con esas pérdidas y que tengo miedo a perder a las personas que amo. Sus personajes lo explican tan bien, se permiten sentir dolor, son conscientes de sus sensaciones y viven su proceso. Acompañarlos ha sido significativo.  

6.12.10

Ni perdón ni olvido


Esta ciudad parece olvidar demasiado pronto, y duele.
Esta ciudad vive la tarde como si fuera cualquier otra, como si nada hubiera pasado, con la memoria adormecida. A pesar de que el clima invitaba a salir y solidarizarse con quienes nos piden no olvidar, fue más fácil quedarse frente al televisor o ir a misa y responder al llamado con el silencio y la ausencia.
Sin embargo, las familias que salieron hoy de sus casas para acompañar a los padres, que hace 18 meses perdieron a sus hijos en un incendio y que marcó para siempre el nombre de esta ciudad, portaron banderas y pancartas y exigieron justicia, porque para una tragedia como ésta, señores, no hay perdón ni olvido.
Aunque los encargados de aplicar la justicia pretendan justificar su inacción. Aunque los responsables se escuden en amparos y pretextos. Aunque las autoridades pretendan que el caso llegue al olvido.
Nosotros, los que marchamos esta tarde, decimos: exigimos justicia.
Porque este movimiento, va más allá de los 49 niños que fallecieron en el incendio causado por la negligencia y la corrupción. Porque cuando se haga justicia, su sombra llegará a todos los niños del país, los que ahora viven y los que están por venir. Porque las instituciones de seguirdad social deben garantizar a los padres y madres trabajadoras de todo el país que sus hijos se encuentran bien cuidados y atendidos, como lo merecen.
Yo espero que si se toma en cuenta y aprueba la propuesta de ley que emitió el Movimiento Cinco de Junio, un día todas las estancias y centros de cuidado social, no sólo para niños, sino los hospitales, asilos, estancias, escuelas, garanticen que quienes no pueden cuidar de sí mismos pueden confiar de los espacios creados para ellos.
Yo quiero que esta ciudad mantenga en su memoria que le debemos solidaridad a las familias que confiaron en el estado, que a nosotros nos puede suceder lo mismo en cualquier momento mientras las autoridades permitan los arreglos por debajo de la mesa y se permita que los empresarios lucren con quienes no pueden pagar por un espacio digno para sus hijos y familiares.
Yo, lo único que pude hacer esta tarde fue marchar junto a ellos. Fue mi forma de decirles, no están solos, yo no olvido.

26.11.10

Extrañando a Alaska

Comparto este fragmento que me gustó, es algo así como el meollo-del-asunto, de Buscando a Alaska, una excelente recomendación que me atrapó y ahora me encuentro a mitad de la noche, extrañando a Alaska, igual que sus amigos.

   "Ella me enseñó todo lo que sabía sobre crustáceos de agua dulce y cómo besar y el vino rosado y la poesía. Me hizo diferente.
   Encendí un cigarro y lo escupí hacia el arroyo.
   −No puedes sólo hacerme diferente y luego irte −le dije en voz alta−. Porque yo estaba bien antes, Alaska. Estaba bien conmigo, con las últimas palabras y los amigos de la escuela, tú no puedes venir, hacerme diferente y luego morirte.
   Pues ella había personificado el Gran quizá, me había demostrado que valía la pena dejar atrás mi pequeña vida por una mayor, y ahora se había ido llevándose con ella mi fe en el quizá. Yo podía llamar a todo lo que hiciera y dijera el Coronel “bien”. Podía tratar de fingir que no me importaba más, pero nunca volvería a ser cierto. No puedes hacerte una persona importante y luego morirte, Alaska, porque ahora soy irrecuperablemente diferente y siento haberte dejado ir, sí, pero fue tu elección. Tú me dejaste sin quizá, atorada en tu maldito laberinto. Y ahora ya ni sé si elegiste la manera derechita y rápida de salirte, si me dejaste así a propósito. Entonces, nunca te conocí, ¿o sí? No recuerdo, porque nunca lo supe."

Buscando a Alaska de John Green, Ediciones Castillo, 2006.

25.11.10

Después

Maldición, debí suponerlo. Un libro que narra una historia así: 145 días antes, 85 días antes, 36 días antes...es porque anuncia que algo va a pasar, algo importante y uno debe suponer que eso, que no se sabe a ciencia cierta qué es, va a sucederle a un personaje entrañable...como ella. Y sí, así fue. Terminé los capítulos de Antes y abrí la segunda parte: Después. Y ahora sé que éste no será un buen día. Algo horrible le sucedió a esa chica inteligente y sarcástica, y no puedo andar por ahí tristeando porque Alaska no aparece y creo saber por qué. Unas páginas antes acababa contar el día más feliz de su vida y el más triste, para después besar al simplón y adorable narrador de la historia y ahora...sólo sé que algo le sucedió y que, a partir del suceso, el libro comienza con un Después. Y lo peor es que ya tengo que irme a trabajar, estaré ocupada todo el día y no sabré qué le sucedió a Alaska.

12.11.10

Gracias, libros...

Hoy se festeja el Día Nacional del Libro y, para celebrar tan importante evento, un colegio en Cabo San Lucas organizó una Feria del Libro a la que fui invitada. La directora y yo pensamos en esta posibilidad hace ya varios meses. Recuerdo que era un día caluroso y yo pasé al colegio para dar seguimiento al proyecto de lectura que iniciaron este ciclo. Ella me comentó que deseaba organizar un evento e invitar a un escritor, le sugerí hacerlo en esta fecha y que fuera una Feria del libro y la Lectura. Días fueron y vinieron y aquí estamos: el evento fue un éxito y gracias a él yo me encuentro aquí.

Invitamos a un excelente escritor. Mantuvo la sonrisa y el entusiasmo en cada colegio que visitamos. Quien más lo disfruté fui yo. Desde que lo vi en la entrada del aeropuerto y subió sus maletas al auto hasta hace una hora que le di un abrazo de despedida, no paré de reír y de pensar, en días así, hasta se me olvida que estoy trabajando. Contestó todas las preguntas que hicieron los chicos y demostró ser poseedor de un excelente sentido del humor. Todos quedaron encantados y desean verlo de nuevo por aquí, creo que él también desea volver y disfrutar de esta ciudad y su especial encanto, mezcla de paz y movimiento, como ese mar que se encuentra con el oceáno justo en el fn de la península, finis terrae.

Yo, a los libros y su festejo les debo todavía más, les debo el encuentro con la ensalada sunomono y sus ingredientes, les debo las historias de una familia que emigró a la Baja hace unos años y una cerveza artesanal llamada burro brown, les debo el sabor del té de jazmín y la certeza de que estoy viva. Una coraza que se hundió en el fondo del mar y un paseo por el tiempo. Quizá también les debo algo de ansiedad,, la relatividad del tiempo y una vista impactante de la península y sus islas.  Gracias, libros, gracias...

5.11.10

Pintar flores


Un fragmento de Konrad durante su proceso de reeducación:

– ¿Has traído el juego de las adivinanzas?

– No, jugaremos a pintar paredes –dijo Kitti y puso a Konrad en la mano un gis rojo y otro verde.

Naturalmente, Konrad no quería pintar las paredes. Suponía que el señor Egon no estaría conforme.

– No pienses en el señor Egon –le distrajo Kitti–. Es mejor que pienses cómo sería la flor que quieres pintar.

– Tiene que tener un tallo como éste –dijo Konrad y se quedó horrorizado, porque había pintado una raya verde en la pared.

– Bravo, estupendo, muy bien, Konrad –elogió Kitti, poniéndole en la boca un bombón de menta.

Los bombones de menta le gustaban a Konrad de un modo especial.

A las seis de la tarde, Konrad se había comido una caja de bombones de menta y todos los trozos de pared del cuarto de estar en los que no había cuadro estaban adornados con flores.

 
de "Konrad", Chritine Nostlinger, 1980. Alfaguara Juvenil

3.11.10

Vuelo

Imagino que salgo a la calle y una ráfaga de viento me levanta. Yo extiendo los brazos y sin oponer resistencia me dejo llevar. Subo y bajo, me deslizo sobre las copas de los árboles y casi a ras del suelo. No me importa no saber el rumbo al que nos dirigimos. Yo, por primera vez, me dejo llevar sin preguntar. Giro una y otra vez mientras la ciudad es una mancha cada vez más lejana.

Eso es lo que imagino esta mañana mientras veo la danza de las bolsas en el aire.

29.10.10

Auto de libertad

Supongo que existió un operativo que durante meses monitoreó las actividades de algunos individuos. Supongo que cuando la policía encontró a Vicente Carrillo no fue una casualidad y para atraparlo se planteó una logística en la que participaron decenas de personas que arriesgaron su vida. ¿Con qué cara se les dice que continúen haciendo bien su trabajo?

¿Cómo le dices a un joven que actúe en forma correcta y no busque enriquecerse de manera ilícita? ¿con qué cara se da una clase de Derecho y se revisan los artículos de la Constitución?

En este país los malechores obtienen auto de libertad y se pasean tranquilamente por donde les dé su gana porque se saben intocables. Tal vez eso lo sabía el Vicentillo y por eso sonreía de esa forma cuando el gobierno federal lo presentó ante los medios de comunicación, como una medalla por lo "bien" que hacen las cosas en esta supuesta guerra contra el narcotráfico.

En este país los dueños de una guardería que no contaba con las medidas de seguridad y donde se violaban las leyes y los derechos de los niños posan junto a políticos y autoridades eclesíásticas en las páginas de sociales o en los partidos de béisbol, mientras los padres de las víctimas se preguntan si habrá una instancia que los castigue por sus faltas y su arrogancia.

La sociedad civili pide justicia, y las autoridades encargadas de ponerla en práctica se lavan las manos y argumentan que esa justicia no puede ser porque la misma ley lo impide. ¿De qué sirven los operativos? ¿cómo le responden a las familias de las víctimas que esperan que se actúe como alguna vez les enseñaron?

Yo no sé qué tanto presionaron y amenazaron a la juez que liberó a este hombre de los cargos que se le imputan pero si sé que si el gobierno no es capaz de garantizar la justicia, no tiene caso que pierdan el tiempo y la vida tantos hombres y mujeres. No tiene caso que se paseen por las ciudades con sus patrullas y sus armas, mejor dejen a todo el mundo en paz. Total, en este país, todo se arregla con dinero y nada pasa.

26.10.10

Arte efímero

Un niño limpiavidrios observa los autos desde la esquina mientras espera el cambio de luz. Toma su botella y lanza un poco de agua por aquí y por allá. Durante unos segundos el niño se olvida de los autos  y sus vidrios sucios y se concentra en dibujar con agua en la banqueta. Traza líneas y curvas en el aire y el agua cae formando una imagen que no alcanzo a ver. Cuando el semáforo cambia al rojo y los autos se detienen, lanza el último chorro y sonríe, mientras regresa a caminar entre los autos.

21.10.10

Pan de tierra

En el pueblo de Huehuetlán, cerca de Soconusco, Chiapas, la gente acostumbraba comer tanta tierra que las autoridades dictamiraron en 1625: "…y porque del gran desorden que la mayor parte de los indios de la dicha provincia tienen de comer tierra, desde muchachos hasta la vejez (…) ordeno y mando que ningún indio ni india coma tierra, en poca ni mucha cantidad (…) es de justicia que en la picota del pueblo se les den cincuenta azotes la primera vez y por las demás cien (…) y al que dos veces lo cometiere no pueda tener oficio de República por cuatro años, desde que lo hubiere cometido y sea castigado. Y si fuese principal, quede en adelante por macehual, sujeto a los servicios del pueblo. Y los alcaldes de él ejecuten esta Ordenanza en los transgresores, so pena de ella, la cual ejecute en los dichos alcaldes el Gobernador de dicha Provincia si fuese negligente."

Pese a las prohibiciones, el comer tierra sigue teniendo un sentido ritual importante. En el santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, Jalisco, moldean la tierra del pocito para hacer unos panes rectangulares, con la imagen de la virgen grabada en relieve y otros con la del templo. Unos los colorean y la gente los lleva como recuerdo de su visita; otros los dejan al natural y los visitantes los compran para comerlos poco a poco, cuando quieren mitigar sus penas o curar sus enfermedades.

En el santuario del Señor del Santo Entierro en Carácuaro, Michoacán, venden tierra caliza de color rosa, a la que se le atribuyen cualidades semejantes.

En el santuario del Cristo Negro de Esquipulas se compran panes de tierra para que se los coman las mujeres embarazadas, las que también muerden trocitos de barro de olor para satisfacer el antojo que sienten de comer tierra. Se dice que si comieran tierra común, el hijo que esperan llegaría a ser un niño come tierra.

20.10.10

Nota tipo post it

- Y...¿qué has hecho?
- Lo menos posible.
- ¿...?
- Me refiero al trabajo.
- ¡...!
- Me gusta la cerveza, los amigos y las combinaciones entre estas dos variables. Me gusta lo que me gusta.
- Y...¿tú?
- Me gusta esto.
- A mí también.
- ...


Nota para que no se me olvide esta conversación y ese momento.

18.10.10

Te regalo el mar

Eras una bebé pequeña de ojos muy grandes y abiertos, con los que serenamente observabas al mundo. Nos enseñaste a ver con tus ojos, desde tu altura, a encontrar cosas contigo.

Han pasado quince años desde entonces y sigues teniendo los ojos grandes, sigues observando serenamente al mundo, pero ya no eres una bebé pequeña; ahora eres una joven hermosa y llena de vida, capaz de entender lo que no se dice y con una perspectiva muy personal, desde la que recibes lo que la vida te da.

Disfruto tu alegría y tu sentido del humor. Los mejores momentos los he pasado contigo y tu hermana. Viajar con ustedes por esta vida y sus caminos ha sido la mejor forma de transitar. Disfruto verlas crecer, estar ahí mientras sucede. Aprendo de ustedes y con ustedes. La vida es generosa al permitirnos coincidir y acompañar sus vidas

 Te pregunté qué querías de regalo en tu cumpleaños. Además de lo que deseas, hoy, yo te regalo el mar. Es tuyo, disfrúta su inmensidad y siente tu ser en él. Ha sido un placer compartir estos primeros quince años contigo, amor.

14.10.10

Esteban

¿Cómo decirle adiós a quien no conocíamos aún?

Llegó y las ilusiones colgaron de aquí y de allá, hojas de alegres colores y fotografías por venir. Llenaron cada espacio de su casa, sus ojos y sus brazos. El porvenir. Cada palabra lo cubría de amor y, seguro, él lo sabía.
Por algún motivo tuvo que desandar el camino antes de llegar a casa, y lo vamos a extrañar. Hizo tanto bien sin saberlo. Seguirás siendo parte de nosotros, como Diego, como muchos otros que no conocemos

Su papá me contó que se llamaría Esteban, en otras muchas razones, porque su llegada era similar a la de otro Esteban, el que llegó del mar para convertir ese pueblo en una celebración. Así que busqué el texto y aquí comparto un fragmento:

"...No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que los amaneceres de los años venturos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas: miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban."

Gabriel García Márquez, El ahogado más hermoso del mundo.

¡Adiós, Esteban!



.

¡Adiós, Esteban! Te vamos a extrañar.

7.10.10

Esperanza

Ayer conocimos a Esperanza. Ella representa su nombre. Dentro de sus ojos cansados hay un brillo que ilumina el espacio que comparte con María, Herminia y otras mujeres que viven en la casa hogar.

Esperanza nació en 1924. Me platicó que su padre compró una casa en la 5 de Mayo y desde ahí caminaba cada día hasta su trabajo en la Colonia Centenario. Caminaba casi una hora porque le gustaba ir despacio y observar los árboles y los pájaros. Esperanza dedicó su vida a cocinar para distintas familias de ricos que salían cada mañana al trabajo o la escuela después de desayunar lo que ella preparaba con gusto. Me dio la receta para preparar un caldo de queso típico sonorense y una torta de huevo rellena de queso y chorizo. También me dijo que la gallina pinta es fácil de preparar y que la próxima vez que nos viéramos me diría cómo prepararla.

Regresé pensando en los próximos años y en las posibilidades que existen de que un día yo viva en un lugar similar a ése. ¿De qué hablaría? ¿cuáles serían los recuerdos que saltarían una y otra vez como una forma de retener ese tiempo que ahora vivo? ¿viviré cerca del mar? ¿tendría quien me visitara? ¿conservaría el brillo de mis ojos?

2 cm

Guardo aquí retazos, fragmentos de distintas texturas, tamaños y colores que forman esta colcha de aplicaciones vivas. Los escribo para significarlos en esta cuilta (así decía mi abuela) que cuenta la historia de los días.

Retazos de un día que uniré en otro momento:

camino / 28 de septiembre / dos centímetros / rumbo / tiempo / significados / pérdida / encuentro / escudo protector / gracias / vida / celebración / retrovisor / azul / motivos / distancia / instante / muerte /

3.10.10

La noche desde el agua

Una noche perfecta para bucear y ahí estuvimos para disfrutarla. Flotar a la deriva para observar las estrellas y dejarse abrazar por la vía láctea fue casi tan maravilloso como sumergirnos en la oscuridad y encender, una a una, las estrellas en el mar: noctiluca. Encontré una ciprea que extendía su manto para desplazarse...era justo lo que quería ver, y ahí estaba. Quiero un housing para mi cámara. Quiero volver y disfrutar el cielo así, flotando a la deriva, justo después de bucear. Tomás, uno de mis divebuddies, dijo mientras nadábamos enmedio de la noche hacia el sitio de buceo: no me quiero morir nunca. Pienso igual que él. Quiero disfrutar de muchas noches como la de ayer.

27.9.10

Luna

Creyó que aquello que encontraron una mañana cerca de su casa era un trozo de luna y desde entonces tuvo miedo de las noches en que ella aparecía como queriéndose caer desde una orilla. Se dedicó a seguirla noche tras noche para que no perdiera ni uno solo de sus ojos. Fue en esos días que le perdí la pista, era difícil seguir sus pasos intentando coleccionar los pedazos de luna que solían caer cerca del río. Quiero creer que pasó por aquí una noche y dejó un regalo junto a la ventana. Creo que era suyo porque venía envuelto en una hoja que contenía el fragmento de una conversación que tuvimos una noche que hablamos de la luna y su influencia sobre los hombres, él me explicaba su fascinación por el satélite y yo le contaba los motivos por los que mis padres me habían llamado así, Luna. La piedra que envolvía el papel brilla con una luz pálida y casi azul que cambia de intensidad y a veces creo que intenta decirme algo que aún no alcanzo a comprender.

12.9.10

Encuentros cercanos

1. Se acercan los días en los que la idea es viajar por carretera para cruzar el desierto por un camino recto, dispuesta a todo lo que ofrece ese aparente vacío que permite ver horizontes y deseos.
2. Viajaré o viajaremos, ésa es la cuestión. Si el verbo se conjuga en primera persona del singular o del plural, seguramente marcará una diferencia. Sí, parece raro pero quizá llega el día en que la ficción se puede convertir en una crónica. Dejar de ser personaje de la serie multimedia "Historias para viajar" y convertirse en enviado especial para cubrir el evento.
3. Ver la sonrisa de mi hermana y mi cuñado y constatar si es cierto (como han dicho todos en estos días)  que ya se le nota, y ese bebé tan esperado, también deja de ser parte de nuestros sueños para convertirse en risa y aliento. Darle un abrazo largolargo que diga Feliz Cumpleaños y buscar un regalo especial que tenga su nombre.
4. Encontrarnos con la escritora y escuchar sobre sus lecturas y lo que descubre, sobre los proyectos que van tomando forma y, lo más importante, disfrutar de su presencia y sentido del humor que tanto extraño.
5. Disfrutar de  un concierto en la ciudad más violenta del país (tal vez algunas otras ya superaron esta marca). La voz de Silvio y lo que tiene que decir. Viajar cientos de kilómetros para asistir al concierto  Voces de América para Ciudad Juárez y escuchar a Silvio o hacer como que escucho a Silvio y junto con todos los asistentes creer que la violencia tiene solución.

En otro orden de encuentros:
6. Alguien tocó el timbre de mi casa a las 6:30 am. Cuando salí a ver quién osaba interrumpir así mi sueño, no había nadie. Ya no pude volver a dormir. No se vale.
7. Voy al encuentro del agua salada para disolver el color oscuro.

5.9.10

Paranoia

Platicaba con las Mafaldas hace unas semanas y les decía que cuando pienso en la muerte, lo único que me queda claro es que no hay  forma de sacarle: va a llegar y es un hecho que no puedo cambiar, así que intento mostrar buena cara o al menos no una de pavor. Según dije ese día, había llegado a la conclusión de que no tengo miedo de morir. No es cierto, no sé en qué momento se me ocurrió decir tal mentira. O tal vez debí aclarar que no tengo miedo de morir siempre que sea de muerte natural y no en un accidente o en medio de un tiroteo.

La semana pasada leí varias notas sobre el narcotráfico y sus prácticas. Escuché sobre secuestros, casas de seguridad, amigos que cierran sus negocios, asaltos, armas, drogas, muerte, amenazas, extorsiones, etc. Luego encontré el nombre de un amigo y la fotografía del café que maneja en uno de los lugares más apacibles de la ciudad. Recibió una amenaza: tenía que vender la droga que le dejaban y pagar en unos días al mensajero. Mi papá me cuenta que asaltaron todas las sucursales del negocio en el que trabaja; el dueño acaba de traspasarlo por una mínima cantidad, ya no quiere saber nada. Me cuentan de una amiga que le habló a su esposo del celular mientras lloraba para contarle que frente a ella acababan de matar a alguien y que tenían la calle cerrada. El colmo fue el señor que caminaba frente a la casa el sábado por la noche y se acercó para compartir algo de su locura. Entre frases inconexas contó sobre cómo mató a su hijo con una cuerno de chivo, habló de sicarios que llegaban a una bodega, repitió algunos diálogos que parecían de una mala película de gángsters, órdenes de matar a la gente, habló de encerrarlos, de dinero, de muerte y dijo que el baño del fondo olía a sangre porque ahí los habian matado a todos. Después de un rato continuó su camino. Nunca vamos a saber qué tanto había de cierto en todo lo que dijo.

Tal vez, esa fue la causa por la que ayer no pude terminar de comer. Entré en ese restaurante de mariscos con el estómago vacío y con ganas de probar un poco de todo. Hasta que me  senté y vi que en la mesa de al lado un grupo de policías departía amablemente junto con algunos comensales con cara de pocos amigos. Intenté concentrarme en el cóctel, en los callos que tenía frente a mí, en su delicioso sabor, en la salsa, en el clamato, los callos, sí, eran enormes y estaban frescos y deliciosos. En vano, no pude terminar. Pedí la cuenta y salí a la calle. Eso está mal. No puede ser que haya dejado más del a mitad de los callos. El taxista me cuenta que muchos de sus compañeros dejan el oficio después de que les meten un susto. Yo le pido que vayamos al hotel por mis cosas y  me lleve al aeropuerto.

2.9.10

Banderas

Quizá las señales fueron evidentes para todos, menos para mí. Quizá sea tiempo de hacer algo y poner orden dentro y fuera. Quizá sea momento de decir lo siento y guardar silencio. Quizá también sea momento de hablar o de pedir ayuda. Quizá sea momento de sacar una bandera blanca o una de sos, de agitar los brazos o de dejar de hacerlo. Quizá sea momento de esperar. Quizá sea el momento de retomar o replantear. No sé de qué es el momento, pero sé que es tiempo de algo que no es esto.

Disfrutaba enormemente patinar a la orilla de la bahía. El parque por un lado, el mar por el otro. Personas de todas las edades salían a correr o se montaban en una bicicleta nada más caía la tarde. Paseaban a sus perros o se tiraban en el pasto. Me llamaba la atención encontrar banderas decorativas que colgaban en las casas. No sé si es algo cultural, si es una moda o si la necesidad de comunicar a los demás un estado de ánimo o una postura ideológica es imperativa. El caso es que ahí iba yo, interpretando mensajes mientras patinaba: aquí celebran la pascua; acá están orgullosos de decir que son gays; en este otro dan la bienvenida a alguien; acá viven estudiantes de USD; allá, alguien que practica el buceo. Aquí son demócratas; alla, republicanos. Aquí vive algún veterano; allá alguien que gusta de las flores. Parece que les gusta comunicar quiénes son y lo que pasa en su vida. Yo me preguntaba qué importaba si quienes pasábamos frente a sus casas nos enterábamos de sus gustos y filiaciones. Al parecer, a ellos no les importaba si los demás queríamos saberlo o no, de todos modos colgaban sus banderas para que ellas dijeran lo que ahí pasaba.

Creo que hoy colgaría una bandera. Una bandera que en una imagen dijera, tiempo fuera. O no, tiempo de hacer algo y poner orden dentro y fuera. Quizá una bandera que dijera lo siento o manos a la obra. Sí, eso.

24.8.10

Un adiós desde Punta Chueca

Ayer regresé a Punta Chueca, un año es demasiado cuando se trata de ese lugar y su gente que abraza intensamente y sonríe desde el brillo de sus ojos. Ayer, la tristeza humana que no intenta esconderse y brota del fondo del alma convertida en sollozos.  El lugar de los contrastes y la realidad paralela. Ayer regresé de Punta Chueca y, como siempre que regreso de Punta Chueca, extraño la parte de mí que se quedó sentada junto a Don Antonio y Ramona, siendo parte de la tarde, el mar, el sol.

Adiós, Cornelio, cuéntanos cómo es.

20.8.10

30 kilómetros

Al parecer, la noche anterior llovió a cántaros y el agua acumulada provocó el caos en la ciudad, una rayita más al tigre, como si le hiciera falta. La gente que espera en las aceras por el transporte público y quienes se aventuran a cruzar las avenidas, ahora convertidas en caudalosos ríos, parecen tomar esta situación con calma. Yo transito en uno de tantos camiones que avanzan lentamente mientras levantan pasajeros en cada esquina. Es la lluvia, dice mi compañera de asiento, no había llovido así en mucho tiempo. Tomé el camión en la central de autobuses, me dijeron que llegaría en media hora. Olvidaron mencionar que después de una lluvia como la de anoche el tiempo es relativo. Dos horas, sí, dos horas para recorrer 30 kilómetros de Culiacán a Navolato. Observo, niños desnudos nadan en los charchos que la lluvia formó frente a sus casas, el agua les llega a la cintura; hombres y mujeres barren lodo y agua; una, dos, tres, cuatro...definitivamente hay bastantes, así que me dediqué a contarlas ¿Qué otra cosa podía hacer? Más de 50 cruces conté en el camino. Desde antes de salir de la ciudad y en un recorrido de 30 kilómetros, dispersas o en grupo, con fechas distintas, lonas con fotografías a color y flores. Las familias de las víctimas intentan retener su memoria y colocan un recuerdo en el lugar donde los perdieron. Parece como si quienes transitan y viven por aquí no las vieran más, se han acostumbrado.  Hay por todos lados, comenta de nuevo mi vecina, y faltan los que no tienen nada, los que se murieron ahí y nada más los levantaron y se los llevaron. De regreso ya no quise contar cruces, hice como si no las viera, quizá así hacen todos.

14.8.10

Ella se va

Hace años coincidimos por aquí y por allá. Me caía bien desde antes de conocerla. Leí algunos de sus textos y la imaginaba inquieta, con ojos grandes que observan los detalles y los guardan para sí. Coincidimos un poco más y un día me di cuenta que esperaba encontrarla para hablar de lo que en aquel entonces pasaba o no pasaba. Siempre agradecí sus palabras y su saber escuchar. Dijo verdades que movieron lo que no veía y abrieron ventanas donde entró la luz. Tal vez no la sabe, pero sus palabras fueron importantes en las decisiones que entonces tomé.

La he visto entusiasmarse, crecer, buscar, hablar, reír, consolar, llorar, dar abrazos y energía. Escuché sus planes y su música. Quiero a sus amigos por lo que cuenta de ellos. Adoro a su hijo y sus historias.

Ahora, emprende el vuelo y va detrás de un sueño. Se dedicará a hacer lo que más disfruta: escribir. Y yo sólo atiné a darle un abrazo y a decirle que no va a ser lo mismo sin ella por aquí. Definitivamente hará falta, pero será delicioso leerla, conocer nuevos personajes y vivir con ella las nuevas aventuras en tierras texanas.

Quizá en estos momentos se prepara para tomar esa carretera con el carro cargado y el corazón saltando en la mejor compañía.

Buen viaje, escritora. Es un placer ser tu amiga.

8.8.10

Cuatro dosis de nitrógeno

Intenté explicarle a un amigo el porqué de un blog que nadie lee. Es para mí, le dije, hay cosas de las que ya no me acordaría porque no son tan importantes o, al menos, no con la sensación que provocaron y por lo que decidí escribir sobre ellas.

Así que me dispongo a escribir sobre ayer y por qué es uno de esos días que quiero guardar.



1. Antecedentes: tengo varias semanas intentando bucear y nada. Silvia, mi acostumbrada dive buddy se hace pato, dice que sí y a la hora de la hora, nada. Sniff. Los chicos de la Aquademia no tenían viaje programado. Sniff. ¿Quién más? Ocean Sports, nunca me falla. Así que reservé, el único problema: salían a las 7 am. Listo, había asegurado el buceo. Toda yo vibraba de emoción desde el jueves.
2. Antedecentes 1.0: Tengo que incluir que el jueves tuve un acercamiento genial, una gran experiencia. Enrique, el Bones y yo nos lanzamos a ver noctiluca. Snorkel por la tarde y a esperar que se hiciera de noche. El Bones no pudo quitarse el miedo y por más que le insistí, no quiso. Enrique resultó ser un explorador nocturno que se emociona igual que yo. Hasta tarareaba la música de Fantasía mientras jugaba y encendía la magia ¡Lo disfrutamos tanto!! Como dos chavitos sentados en la orilla, frotando las piedras y gritando emocionados cuando las luces se encendían. Salimos del agua como a las 12 am y nos quedamos platicando tan agusto que no importó la tormenta, la arena y el viento que casi se lleva a Ulises. Una noche estupenda.
3. El sábado salí a San Carlos y por más que me apuré llegué allá a las 7:06, el barco acababa de salir y como el encargado me vio casi llorar, les habló y amablemente regresaron por mí. El trayecto fue de lo más agradable. Un grupo de buzos de Arizona, yo era la única que hablaba español, además de la tripulación. Barbara, la dive master: una mujer como de 60 años con ojos de felicidad y un tatuaje alucinantes, me encantó conocerla. Había un poco de marejada y me quedé con Ernesto, mi capitán y guía favorito, platicando sobre cómo los pescadores se acaban poco a poco las especies, sin ninguna conciencia.
4. Buceamos en la punta norte de la isla San Pedro Nolasco, era el único lugar protegido. Me asignaron un dive buddy, Bob, dos muy buenos buceos. Es extraño bucear con alguien a quien no conoces y en quien confías. No encontramos ningún pulpo, a pesar de que los buscamos. Lo mejor de esos buceos, fue encontrar una especie de nudibranquio blanco con cilios, nunca había visto uno así antes.
5. De regreso vimos como 200 delfines. Me emociono tanto cada vez que encontramos delfines, no van a dejar de maravillarme. Se acercaron al barco y jugaban con las olas, saltaban, daban vueltas. Me encanta que los capitanes se emocionen igual que los pasajeros aunque ellos encuentren delfines todos los días.
6. Cuando llegamos a la marina, Ernesto me contó que saldrían en 15 minutos de nuevo. Irían a San Antonio. Caballitos de mar, pensé. Ya no me bajé del barco, sólo salí corriendo por un sandwich. Los guías del grupo de Arizona hicieron lo mismo. Subió al barco un grupo de jóvenes de Hermosillo, algunos de ellos iban a certificarse. Me dio muchísimo gusto encontrar a Memo y Alejandro, los conocí en la Aquademia. Buceé con ellos en San Antonio, precisamente. Ahora ellos llevaban al grupo. Tienen un proyecto excelente: Blu Revolution.
8. Ernesto fue mi dive buddy, ¿podría tener más suerte? Tiene vista de rayos X, puede ver los pulpos aunque estén metidos en las piedras. Vimos más de 5 pulpos y hasta jugamos con uno. Tal vez se quedó un poco estresado pero fue divertido convivir un rato con él.
9. Encontramos mantas mobula. Su nado es más parecido a un vuelo acuático. Son elegantes y no pierden el estilo. Una maravilla.
10. No vimos ni un solo caballito marino, y eso que los buscamos intensamente en los dos buceos. Tampoco los otros buzos encontraron caballitos, ¿qué pasó con ellos?
11. Lo que más me gusta de San Antonio es encontrar staghorn hermit crabs, una especie de cangrejo ermitaño que habita dentro de un hidrocoral llamado cuerno de alce. Son un ejemplo de trabajo en equipo, de uno más uno es más que dos.
12. Los chicos del grupo de estudiantes, subieron felices. Ver sus caras y escuchar las palabras con las que compartían su experiencia, fue lo máximo. Ojalá los vuelva a encontrar más adelante.
13. Bucear con Ernesto es de lo mejor, qué bien ha sido coincidir bajo el agua.
14. El regreso, fue el cierre de un día aquático de lo mejor. Platicar con los chicos de Blue Revolution me llenó de entusiasmo. Bien por ellos y su iniciativa.
15. Al parecer, la necesidad de bucear ha quedado satisfecha por unos días. Cuatro increíbles inmersiones me han dejado suficiente nitrógeno en el cuerpo como para aguantar una semana.

2.8.10

Noctiluca


Te adentras en la noche, tus pasos se iluminan
agitas los brazos y enciendes las luces del océano
flotas en la magia, nada temes
te contagia su luz, la llevas dentro
Noctiluca
luz de la noche

30.7.10

Bienvenida


Bienvenida, lluvia, que entras en las casas, cierras las calles, tapas alcantarillas y canales. Bienvenida seas, corre por nuestras calles y libera la risa de los niños. Despierta la vida que esconde esta tierra y que inicie una fiesta con flores y cantos. Eres bienvenida, no temas, sucede que no estamos acostumbrados a verte seguido aunque te añoramos. Vamos, canta sobre los techos esa tu canción de ritmo perfecto, nos lanzaremos a bailar entre los charcos y sentiremos la vida en el cuerpo. Llueve, lluvia.

29.7.10

Esto, me preocupa


No sé qué necesitamos para entender que nos lo vamos a acabar. De verdad, completito.

Me encanta este mundo, con su azul y verde y lo que vive y se mueve en él. No quiero irme a otro, me gusta este planeta.

MIentras tengo la refrigeración prendida y pienso que necesito ir a sacar mi carro del taller.

Soy parte del problema, lo sé. Pero aún así, me preocupa.

28.7.10

Dentro de lo cotidiano

Son esos pequeños sonidos
anuncio del ir y venir
los que dan vida al espacio.

Afuera los ladridos
anuncian el regreso de Frodo
mientras Layla sale del rincón
donde se escondía de la noche,
hasta hoy.
Lo observa ir y venir
ladrar a los grillos
olisquear su comida.
Ya no está sola.

Son los zapatos fuera de lugar
los platos sucios
la luz encendida en su cuarto
los que anuncian su regreso
mientras la escucho reír.
La observo ir y venir
tomar su bolso y sus llaves
anunciar su hora de regreso.
Ya no estoy sola.

Regresa lo cotidiano
los días y la música
y con ellos,
la vida que río.

23.7.10

Yo sólo quería un ride

Creo que no podría ser del club de Beyoncé Independent Women. Normalmente no me importa y disfruto de esa independencia, pero hay ocasiones en que saber que estoy sola en esta ciudad me provoca una mezcla de tristeza e impotencia que me hacen actuar en forma extraña, como ayer.

Y es que me choca no tener quien me dé un ride cuando tengo que llevar mi carro al taller. Sé que es completamente irracional y subjetivo. Seguro mucha gente lo hace, pero para mí es un indicativo de soledad cabrona. Sí, lo sé, es algo subjetivo. Es el mismo indicativo por el que algunas personas no pueden ir solos al cine cuando yo lo disfruto muchísimo. Sí, definitivamente es algo subjetivo ¿Y qué le voy a hacer? Me deprime no tener a quién pedirle que me lleve al taller sin hacer cara de qué hueva.

Tal vez ese pobre hombre que atiende el mostrador del taller no entendió por qué cuando me dijo que pidiera un taxi se me llenaron los ojos de lágrimas, tomé mis llaves, le di las gracias y salí de ahí. Él no sabía que de verdad necesitaba ayuda, que traía mi carro lleno de cajas, que tenía que hacer maletas y preparar un material, que había hecho como diez pendientes antes de poder llegar ahí a dejarles el auto para que le arreglaran uno de los muchos detalles que últimamente le están saliendo. Él no sabe que odio llevar el carro al taller y que si por mí fuera me desentendía de ese tema de por vida. Él no lo sabe.

Hay que ir un poco hacia atrás. Yo voy a ese taller por el servicio, por un servicio: siempre me dan un ride a mi casa. Es un plus, aunque sé que más bien es porque Panchita trabaja ahí desde hace años y sabe que cuando llego preguntando si pueden recibir mi jeepointer es porque logré organizar todas las pelotas y puedo quedarme un día sin carro. Ella siempre arregla que alguien me lleve.

Pero ayer no estaba Panchita y ese hombre, aunque es amable, no tiene criterio. Y a pesar de que antes de llegar hablé para preguntar si podían recibir mi auto y dejarme en casa, quien contestó salió a comer y olvidó comentarlo. El hombre del mostrador me decía: no hay quien te lleve. Yo le dije: ahí están los mecánicos, en 10 minutos estarían de regreso. Él respondió: no está el chofer, no se puede. Yo volví a decir: necesito que alguien me lleve. Él repetió: no hay nadie. Yo le dije: dame una opción, necesito dejarte el auto y llegar a mi casa con las cajas que traigo. Él dijo: pide un taxi. Y ahí fue cuando me acordé que no hay nadie y que odio cuando dependo de personas como él, y me fui, a punto de llorar, con el carro lleno de cajas y sin baleros ni amortiguadores. No fue una salida dramática, no soy así, pero creo que sí se notó porque como a los cinco minutos el hombre del mostrador me marcó al celular y me dijo, si quieres yo te llevo.

Ahora necesito encontrar otro taller, me da pena regresar.

20.7.10

Mis zapatos favoritos


Son incómodos, me quedan chicos, no podría caminar más de una cuadra con ellos y, sin embargo, son mis zapatos favoritos. Son maravillosos, literalmente se agarran a la piedra y hacen posible lo que creí nunca iba a lograr: no resbalar.

Hace unos días subí La claustrofobia con ellos y, cuando bajé, supe que algo en mí había cambiado mientras mis manos intentaban sujetarse a una grieta y mis pies se aferraban a la roca.

Gracias a Enrique y Bones por platicar mientras yo subía, me relajó escucharlos aunque no recuerdo ni una palabra de lo que hablaron; significó que sabían que podía hacerlo y no necesitaron decirme qué hacer en cada movimiento, y yo me di cuenta que puedo confiar en ellos y en el equipo.

Seguro me tomó más tiempo que a los demás pero lo importante es que toqué la unión, que no tuve miedo cuando fui consciente de la altura, que cuando busqué la ruta y pensé: voy a subir, lo hice. Subir a La Cementera es bueno; escalar ahí, más.

Jamás imaginé que escalar pudiera gustarme de esta manera, que colgar de una cuerda me provocara tanta emoción, que mi mente se relajara al contacto con la piedra mientras mi cuerpo se tensa y busca dentro y fuera de mí un camino, o que unos pies de gato, como comúnmente se les llama a los zapatos de escalar, se convirtieran en mis zapatos favoritos.

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