
28.11.08
Grinch-out

23.11.08
Yellow, Red & Blue together, again...
22.11.08
De la luz en el otoño
17.11.08
Porque soy tu madre

Ellos caminan tomados de la mano, conversan alegremente. Ella lo ve directo a los ojos y sonríe. Él la mira, se siente contento de venir a su lado, de escucharla y sentirla cerca, pudiera decirse que es casi feliz. Ellos conversan y ríen. Se abrazan, se abrazan fuerte y, por unos instantes, dejan de hablar. Caminan abrazados, la conversación deja de ser importante. Ella sólo sabe que lo quiere. Él la quiere también. Ella lo hace sentir distinto, importante, él quiere estar con ella.
Camino detrás de ellos, da gusto verlos. Hasta que...
Ellos caminan tomados de la mano, como lo han hecho desde que él es un niño. Desde entonces, ella toma su mano para guiarlo y asegurarse que no se vaya demasiado lejos. Desde entonces, ha estado ahí para recordarle que ella es su madre, la mujer que le dió la vida, quien siempre ha estado a su lado y siempre lo estará. Cada día le dice cuánto lo quiere, le recuerda que ella lo conoce mejor que nadie, y que sólo ella sabe lo que es bueno para él. Porque ella, ella le ha dado todo, se ha sacrificado por él y siempre ha estado a su lado. Él es su hijo y siempre, siempre estarán juntos...
III
Te amo, pero ella es mi madre

Sí...la madre, su madre, lo toma de la mano... no lo suelta por nada, incluso cuando él trata de retirar ése, su brazo izquierdo, deseoso de libertad e independencia materna, esa mano lo sigue, como lo seguirá por el resto de sus días...
14.11.08
Algo Inmenso
Se lo había dicho uno que se llamaba Baster, Lynn Baster. Un campesino. Uno de esos que vive durante cuarenta años trabajando como un burro y lo único que ha visto es su campo, y una o dos veces, la gran ciudad, unas leguas más allá, el día de la feria. Pero lo que a él le había pasado era que la sequía se lo había quitado todo, la mujer se había fugado con un predicador de vete tú a saber qué, y a sus hijos se los habían llevado unas fiebres, a los dos. En fin, uno que nació estrellado. De manera que un día recogió sus cosas, y recorrió toda Inglaterra a pie, para ir a Londres. Pero, teniendo en cuenta que no entendía mucho de caminos, en vez de llegar a Londres acabó en un pueblecito insignificante, aunque, no obstante, si seguías por aquel camino, girabas un par de veces, y rodeabas una colina, al final, de repente, veías el mar. Nunca lo había visto, se quedó pasmado. Lo había redimido, si hay que creer en lo que decía. Decía: «Es como un grito gigantesco, que grita y grita, y lo que grita es "¡Pandilla de cabrones, la vida es algo inmenso!, ¿quereis enteraros o no? Inmenso".» Lynn Baster no había pensado nunca en aquello. Nunca se le había ocurrido pensarlo. Fue como una revolución en su cabeza.
BARICCO, Alessandro (1994) Novecento. Anagrama, Barcelona, 2007.
11.11.08
Recuento de cosas inútiles.
- ...Y dijeron que sólo les quedaba un poquito de rencor.
- ¿Sólo un poquito? ¿Qué tanto será un poquito? ¿Lo suficiente para no hablarse?¿Para qué nos servirá el rencor? Si lo sentimos, seguro es que nos sirve de algo.
- Hay cosas que no sirven para nada.
- ¿Tú crees?
- Sí, como las moscas y las cucarachas.
- Bueno, las ranas se comen a las moscas, lo vi en la tele y en todas las caricaturas las ranas comen moscas.
- Bueno, las moscas sí sirven para algo, pero las cucarachas, no.
- Estoy de acuerdo.
- Las caries.
- ¿Las caries, qué?
- Las caries tampoco sirven para nada.
- Mmmhh
- Ser gordo, ser gordo no sirve para nada.
- No lo sé, es el resultado de comer mucho, como un anuncio que dice algo de nosotros...
- ¡Mamá....!
- Ya, ya...
- Los pelos en las axilas.
- ¿No nos sirven?
- No, tampoco los infartos. No sirven para nada.
- Ya sé, ya sé algo que no sirve...los french poodle...
- No, esos sirven de decoración.
- Si tú dices.
- Ya llevamos muchas cosas, bueno, tú no has dicho nada que no sirva.
- Es que sigo pensando si los infartos sirven para algo.
- No, no sirven para nada, como el rencor y los pelos en las axilas.
7.11.08
La sorpresa, la agradable sorpresa
Salir, caminar, comprar una cajetilla de cigarros, las luces, la prisa de quienes transitan, caminar el espacio donde nadie habita. Saberse. Caminar un poco más mientras se enfrenta lo que estaba guardado y, entonces, regresar.
Servir una copa de vino, encender un cigarro, volver a la pantalla, no saber qué causa el temblor... y escuchar...ver...saber. El silencio. De frente el tiempo, la música, la voz, las canciones, la presencia...
Alguna vez estuvieron tan cerca que no hubo tiempo ni distancia, y toda la certeza se desplegaba en ese instante.
3.11.08
Isla Tortuga

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