24.3.10

Lo que recuerda

Quiere que le hable de ella, pero no hay mucho que decir. No, casi no la recuerdo. Recuerdo el olor de la cocina, olía a caldo de pollo, el techo alto, muy alto, y la estufa grande, siempre limpia. Algunas veces me pregunté cómo le haría cuando se llegaba a fundir el foco. Recuerdo que sobre un mueble había una caja metálica decorada con imágenes de cuadros antiguos, en esa caja siempre había algunas piezas de pan dulce. Nosotros abríamos la caja, quizá sólo para comprobar esa constante, nunca para tomar un pan. Lo teníamos prohibido, no sé por qué. No se nos permitía tomar nada de la cocina, aunque tuviéramos hambre. Lo que sí hacíamos era mojar la punta del dedo con saliva y levantar las grageas de colores del fondo de la caja, eso no se notaba y teníamos la sensación de hacer algo prohibido. Recuerdo un patio grande y vacío, no tenía un solo árbol y siempre estaba limpio, y unos cuartos al fondo que siempre fueron un misterio, los mantenían cerrados con candado y las pocas ocasiones que vimos que alguien salía y se dirigía a uno de ellos, no nos dejaba asomarnos, la explicación era que ahí no había nada para niños y luego esa frase: “no queremos que se asusten cuando vean al fantasma que vive ahí dentro” y nosotros nos pasábamos la tarde completa pegados a la puerta, tratando de ver algo entre los tablones, creyendo haber escuchado algo. Recuerdo, también, que en su cuarto había un armario de madera. Tenía dos puertas con espejo y varios cajones que casi siempre estaban cerrados con llave. Invertimos muchas horas buscando la llave, hasta que una tarde la encontramos, pero ese día tuvimos tanto miedo de ser descubiertos que lo único que hicimos fue a dar vuelta al cerrojo y comprobar que abría. Unas semanas después por fin nos aventuramos a explorar dentro del armario, no recuerdo qué encontramos, supongo que nada interesante porque de esa tarde sólo recuerdo el olor a talco y el orden con el que estaban colocadas las cajas y su ropa interior. No sé por qué le teníamos tanto miedo, creo que nunca nos pegó. Tampoco nos hizo un cariño ni nos dio un regalo. Era su forma de hablarnos, sin tocar, como se le habla a quien no importa si está o no. Era como si ella hubiera preferido que no estuviéramos ahí, que no existiéramos. Creo que no nos quería.

2 comentarios:

Omar Bravo dijo...

Me encantó tu texto, las atmósferas, los aromas, esa especie de incómoda melancolía. ¿Quién era ella?

lilia dijo...

Eit, pasé a hojear, aunque no sea correcto el término. Qué bien, me gusta como escribes.
No vayas a mi blog, no hay posts nuevos, de ahí vengo :/
Bye.

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