31.7.06

SEA URCHIN SKELETON



Lo encontré en el fondo del mar, esta vez llegué a tiempo, antes de su encuentro con las rocas, antes de que la corriente le hiciera saber que es sólo un fantasma, que ya no tiene voluntad, antes de que se estrellara una y otra vez hasta quebrarse y terminar, como todos, formando parte de esa mezcla de cadáveres claros que es la arena.

Sí, esa fina mezcla, deliciosa al tacto, está compuesta de historias de otros mares, seres que alguna vez navegaron buscando trascender su destino; otros no se complicaron tanto, simplemente vivieron e hicieron lo que tenían que hacer: comer, crecer y reproducirse. Finalmente, todos terminaron convertidos en él, son polvo. Partículas de nada. Todos lo somos.

Me gustan los erizos, puedo pasar horas admirando sus lentos movimientos, se adhieren a las rocas con tanta fuerza que parece que son parte de ellas. Forman un bello espectáculo, reunidos en colonias, extendidos, esperando visitantes.

Atrapan mi mirada, los toco, intentan reconocerme, extienden sus miembros hacia mis dedos, en un bello saludo, estiro mis brazos hacia ellos mientras permito que la corriente me acerque aún más.




A los erizos les gusta jugar, a pesar de su aparente inmovilidad, buscan la forma de pasar el rato de la mejor manera. Algunos gustan de disfrazarse y se cuelgan encima un montón de basura con la intención de no ser reconocidos antes de llegar a donde quiera que vayan, tal vez van a una fiesta de disfraces. Algunos simplemente caminan por ahí buscando algo para comer mientras saludan a algún vecino.

Los más bellos, son los erizos negros, danzan al ritmo de las olas, mueven sus brazos de aquí para allá esperando que alguien pase a saludarlos. A baja profundidad la luz del sol se refleja en sus afiladas puntas, un espectáculo tornasol que deja boquiabierto a cualquiera con un poco de paciencia y pericia para mantener una distancia apropiada, hay que respetar su espacio vital.

Los erizos son bellos aún muertos, quizá entonces se refleja su verdadera naturaleza. Sus esqueletos muestran una complejidad de texturas simétricas, un patrón geométrico repetido a lo largo de su ser, una supuesta fragilidad que representa el orden dentro de un aparente caos.

Ellos, son simplemente lo que son y no pueden ser algo más, por eso, lo hacen lo mejor que pueden, espléndidos habitantes del mar. Poseedores de paciencia y sabiduría, testigos de la Historia.

Este bello ejemplar, no se convertirá en arena, cuando menos no ahora, escuchará mi silencio y yo escucharé el suyo. Somos compañeros de ahora en adelante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

siempre buscando eso en la imagen y la imagen en eso

que NO terminen tus palabras.

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