
30.4.08
Pozas de Marea

28.4.08
21.4.08
Peregrinos
Cuando llegó el momento de las preguntas y los comentarios, algunos de los talleristas hablaron de la importancia que esa reunión semanal ha tenido en su vida, el significado de rescatar los recuerdos, el ejercicio mental que aleja los malos pensamientos, la tristeza y el alzheimer, y la paciencia con la que el maestro Pancho dirige las reuniones. Yo podría agregar que el taller de autobiografía se ha convertido en una sesión de terapia para cada uno de sus asistentes, un oasis al que se asiste a escuchar y ser escuchado con atención y respeto, el espacio para reconstruirse sin importar de dónde se viene, entre más recuerdos se cargan más bueno se pone aquello.
En este tiempo en el que el pasado se desprecia y los ojos se tienen puestos en el futuro, un grupo de peregrinos se reune cada semana a compartir ese pasado, su pasado, y mientras escuchan, recuerdan; cuando alguien cuenta alguna travesura, todos reviven las suyas; cuando se recuerda un paseo a algún pueblo, todos viajan por el mismo camino. Se revive la propia vida y se complementa con las anécdotas ajenas.
Ahora que leo el libro, recuerdo todo lo que sucedió dentro del taller cuando se leyó cada historia, los comentarios del autor, de los asistentes, del maestro Francisco, la sesión de enriquecía conforme se compartían los recuerdos.
El taller continúa, los recuerdos están a la espera de ser compartidos. Todos son bienvenidos, si alguno de ustedes conoce a alguien que guste de comunicar sus recuerdos por escrito, ya sabe que hay un grupo de atentos escuchas y lectores, a los que además, les gusta publicarlos. Un libro que también les recomiendo leer, seguro van a despertar más de dos nostalgias perdidas por ahí. Así es esto del pasado, luego no resulta ni tan ajeno, ni tan lejano.
15.4.08
hide & seek

Quizá nadie se lo ha preguntado. En mi caso fue porque nunca hubo en mi vida un pollo que me siguiera a todos lados, sí tuve pollos, pero no de este nivel de empalague, porque cuando digo a todos lados, me refiero a que camina literalmente entre mis pies, que apenas me muevo y se pone atento, se acerca rápidamente listo para caminar conmigo, corrijo, él camina mientras yo tengo que arrastrar los pies para no pisarlo. ¿Qué cómo llegó aquí? Por error, supongo, Ana Isabel estaba convencida de ganarse un cerdo en la tómbola y justo así sucedió, ella, linda, cuenta que después de pasearse con el cerdo en brazos más de una hora, recordó lo que le dije cuando me preguntó si podía traer un cerdito a casa: “Duermes en el patio junto con él”. Entonces, lo vendió y compró otro boleto, esta vez se sacó un pollito y pensó, pensó bien, que yo le había dicho que no podía traer un cerdo pero nunca dije nada respecto a un pollo. Y henos aquí, el bultito amarillo sobrevivió la primera semana (siempre se mueren), primero un conejo y ahora un pollo, la casa parece la maldita granja de Ol’McDonald.
Sin embargo, hoy descubrí algo muy divertido, como dije, apenas muevo un brazo o una pierna y el pollo viene corriendo y se dispone a caminar metiéndose entre mis pies, mientras yo hago pasos de vals para no hacer puré de pollo. Si camino un poco más aprisa, él apura su paso; si doy un paso hacia atrás, él mete reversa de inmediato; si me detengo, hace lo mismo; pero...cuando salgo corriendo y me escondo detrás de la pared, el pollo comienza a llorar en el idioma pollo lanzando tremendos piídos que cualquiera pensaría que lo están matando, entonces, yo no puedo contener la carcajada, él guarda silencio y escucha, busca el sonido y comienza a correr tras de mí. Hemos hecho esto varias veces hoy en la tarde, hacía mucho tiempo que no me reía tanto.
14.4.08
Wear sunscreen
Yo sé que la gran mayoría odia las recetas y que les digan lo que deben hacer, yo también, pero cuando vi este video no pude evitarlo...me gustó, y...lo traje para acá por si alguien dispone de 7 minutos para verlo. Mientras escribo esto lo escucho, no puedo ver las imágenes, sólo siento cómo se abren algunas puertas. Será algo entretenido ver qué hay detrás de ellas.
8.4.08
2.4.08
Gracias
29.3.08
Husmear la vida de los otros
Para no navegar tan a la deriva lo hice en una ruta parecida a la escalera naútica, de un blog ya conocido a otro, y así, navegando, seguí un link a un comentario sobre una película que me llevó al blog de ese hombre guapo amigo de mis amigos. Leí su comentario, los comentarios a su comentario y hasta ahí debió llegar, pero no, algo en la columna derecha llamó mi atención, di un click y ahí voy, al mundo de los otros.
Supongo que si las personas crean vínculos a los sitios que visitan, los blogs de sus amigos y de los amigos de sus amigos, es porque desean que también nosotros los visitemos, entonces no entiendo por qué ahora me siento tan mal por haber seguido un link y luego otro y otro. Para cuando me di cuenta ya había leído su blog, visto su álbum de fotos y el de su novia, y sabía muchas cosas sobre ambos: que son felices, que hace un año no lo eran tanto, que estar juntos les hace bien, que les encanta tomarse fotos (ambos son fotogénicos), que disfrutan pasar tiempo juntos, que algunos de sus amigos son muy extraños, que hay muchos libros y unos niños preciosos en sus vidas, que escriben, les gusta viajar e ir a museos, en fin...pasé cerca de media hora conociéndolos simplemente porque me daba gusto saberlos tan felices, como si fuera una película o una novela a partir de textos y fotos.
Cuando me percaté que sabía más sobre ellos que sobre algunos de mis amigos, me sentí tan mal que me salí de ahí como quien sale de puntitas de un salón para que nadie se dé cuenta que estuvo ahí. Sin embargo, yo estuve ahí, husmeando en sus blogs, sus álbums, sus links y... no sé, no sé si me gustó saber que sé tanto sobre ellos.
19.3.08
13.3.08
27.2.08
Era mi primo
Cuando no son nuestros hermanos, amigos, pareja, compañero, etc. solamente son muertos, aunque nos duela la violencia y el pesar de otros, no es lo mismo.
Veo la fotografía, es un cuerpo tirado en medio de una calle, no veo su cara. Hay un hombre agachado revisándolo, por eso no se ve el cuerpo completo en la fotografía, más bien se sabe que frente a él hay alguien sobre el pavimento. También hay alguien que se aproxima para ver mejor, por la postura de su cuerpo puedo ver que no desea involucrarse mucho pues no saca las manos de las bolsas del pantalón. Hay policías y curiosos. Hay un hombre muerto en mitad de la calle.
A los diez años hicimos un club en medio de un terreno baldío, reunimos piedras y las apilamos en círculo. Nos reuníamos a planear excursiones que no hicimos y expediciones para recolectar insectos. Guardábamos equipo entre las piedras, por lo que pudiera ofrecerse, quien llegara podría encontrar botellas de agua, cuadernos, binoculares, cerillos, una manta, etc.
Un día extendimos una soga desde el techo hasta un árbol, buscamos donde asegurarla y pedimos turnos para tirarnos por ella. Él fue el primero. Creo que la cuerda se soltó y él se cayó, pero no pasó nada y lo intentamos de nuevo, solamente que antes de que fuera mi turno alguien enteró a los papás e inmediatamente salieron a terminar nuestro intento de tirolesa casera.
Los mejores chapuzones desde un árbol hasta el río fueron con él, si nos acompañaba a caminar por el campo sabíamos que nada nos pasaría. Con él me atreví a tocar por primera vez una víbora, sucedió después de que la encontró, ya tenía dos días extraviada en su casa. Pasé horas observando tarántulas y lagartijas. Las peceras en su cuarto eran lo máximo: apagaba la luz y se veía solamente la pecera iluminada, se escuchaban las burbujas y nada más.
Tenía años de no verlo, ahora lo veo sobre la calle y ese cuerpo no me dice nada. Era mi primo, el de las mejores aventuras.
24.2.08
Antes de morir
1. Ver a Paulina y Ana Isabel caminando seguras y felices por su vida.
2. Visitar Estambul.
3. Un Jeep chingonométrico, que se meta y salga de donde sea.
4. Una casa con porche y cómodos sillones para platicar durante horas, tiempo para sentarme a leer y ver amanecer/atardecer/anochecer.
5.Vivir un tiempo en Creel, entrenar y bajar a Batopilas en bici...dije bajar, no subir.
6. Publicar un libro de aúnnosequé.
7. Tener una de esas sabrosas charlas, con risas y todo, aunque sea de cierre...
8. Bucear en las Islas Galápagos antes de que los japoneses acaben con los tiburones.
9. Perderle el miedo y acampar sola.
10. Ir a Tikal.
19.2.08
Comparaciones
R acaba de salir. R es como un niño-robot, le cuesta establecer relaciones entre los objetos, sobre todo si estas relaciones son fuera de lo común. Jugábamos a crear metáforas y él tardaba tanto en pronunciar una palabra, que lo pensé como el carro de mi vecino que dura como 15 minutos calentando el motor antes de salir por las mañanas.
Pasamos a las comparaciones. Son más sencillas, le dije. Sólo tienes que comparar el objeto, situación, estado de ánimo con cualquier cosa que tenga la cualidad que quieras darle. Era tan alto como un pino. Me dormí como un oso. El mar es como..., La música es como..., Mi hermana es como...Las respuestas fueron variadas, la única constante fue el tiempo que tardó en responder. Verdaderamente le cuesta trabajo.
Pienso. Busco un poema. Abigael. mi perro era pequeño y sencillo como trigo / Sus ojos eran como dos panderos. Ahora tú. Nada. Abro una página de internet y en el buscador pongo: Arjona Lyrics...listo. En unos segundos teníamos frente a nosotros cientos de canciones repletas de comparaciones. Comenzamos a leer: "como decir que Madonna es puritana y conservadora", "como decir que Hitler murió en paz"...encuentro esto: "como Fidel caminando por las calles de Nueva York"...R continuó esforzándose por encontrar más comparaciones. Yo sólo pude pensar en esto: ¿Cómo se sentiría Fidel caminando por las calles de Nueva York, justamente hoy que ha dejado la presidencia de Cuba?
10.2.08
Compartir los textos
Ojalá todos los papelitos que cruzan los salones fueran como éste. Podríamos tener sesiones de "escribe y comparte", habría que doblarlos una y otra vez, hacerlos pasar de mano en mano, leerlos y pasarlos. Contar historias, reales o ficticias, chistes, pensamientos o dibujos. Sin censura.
24.1.08
Sueño
18.1.08
6.1.08
Camino
Las posibilidades están ahí, sólo hace falta darnos la oportunidad y decidir con qué actitud le entramos.
Sonrío. Me doy cuenta de cuánto tengo y de lo poco que deseo. Soy feliz por la felicidad de quienes amo, me alegro con ellos y me comparto. Espero un año de aprendizajes y experiencias compartidas. Camino, no tengo claro hacia dónde, sólo sé que disfruto el camino y de todo lo que en él encuentro. Caminemos.
19.12.07
Buena obra navideña
Yo, seguramente contagiada por este ambiente de amabilidad, realicé una buena obra, fue algo así como un regalo para mi vecina: barrí la banqueta, no sólo eso, también recogí el montoncito de tierra que ella amablemente deja en la calle para que yo lo vea y me anime a barrer. Ese pequeño montículo es un mensaje. Al principio lo dejaba en la frontera entre su casa y la mía. Ingenuamente pensé que era un olvido, no sé cómo pude pensar eso, si se levanta muy temprano a barrer y regar su jardín, después de un tiempo notó que su estrategia no estaba funcionando y movió el montoncito de tierra a un lugar más obvio, justo a la salida de la cochera, mi cochera. En ese momento dejé de pensar que era un olvido suyo y tuve claro que se trataba de un recordatorio: barre tu banqueta. Me encabroné. Tengo una rebeldía adolescente respecto a ese tipo de sutiles recordatorios o a que me digan qué, cómo y cuándo hacer algo.
No es que nunca lo haga, pero no suelo barrer a las cinco de la mañana y tampoco lo hago a diario, más bien barro cuando tengo tiempo y ganas de hacerlo, y después de que comencé a encontrar los cerritos justo a la salida de mi casa mi espíritu de limpieza comunitaria se apagó y decidí barrer todo, menos eso. Durante un tiempo, el tamaño de esos montoncitos creció aunque yo seguía barriendo el resto de la banqueta y una buena sección de la calle.
Hoy fue un día distinto, salí y la mañana era linda, los buenos días cruzaban de un lado a otro de la calle, buenos deseos llegaron desde distintas casas y yo...yo decidí hacer mi buena obra del día: barrí la calle, con todo y montoncito de tierra.
12.12.07
Matutina
10.12.07
8.12.07
Tono gris
27.11.07
Ella sonríe
23.11.07
Alberto Ruy Sánchez
¿Por qué subir esta foto que me tomé con un escritor al que aún no he leído? Aquí van algunas razones, no son razones para explicarle a nadie, sino para explicarme a mí el porqué :1. Porque abrí el blog y por alguna razón me acordé que quería ver la foto.
2. Porque me hubiera gustado haber leído algo publicado por él antes de escucharlo.
3. Porque vi su libro junto a mi cama esperando a ser leído.
4. Porque me encantó, como a todos los que estábamos ahí, como si fuera una serpiente...no hice más que dejarme llevar por su historia, imaginar los lugares, los personajes, las sensaciones.
5. Porque supo, apenas me vio, en dónde había comprado mi blusa.
6. Porque leyó el significado del bordado en mi blusa.
7. Porque fue amable con todos y yo quiero creer que así acostumbra ser, aunque quién sabe, a lo mejor esa noche estaba de buenas.
8. Porque ahorita que me suba al carro para nomanejar, mientras vaya de copiloto, en vez de admirar esta tarde de otoño, comenzaré a leerlo.
9. Porque sí.
10. ¿Ya dije que me encantó?
20.11.07
12.11.07
Viento en la cara

Lo entendí. Entendí de dónde viene esa necesidad de sentir el viento en la cara, de percibir los aromas y los sonidos de cerca, no puedo solamente verlos detrás del cristal, como si fuera un aparador. Lo supe mientras platicaba con Nora, una alumna que tuvo que emigrar de la parte posterior del camión cuando su estómago le avisó que estaba a punto de expulsar el desayuno, sobre los múltiples remedios que mis padres aplicaban para que no me mareara en la carretera. He desarrollado varias técnicas que descubrí sin darme cuenta, y las compartí con ellos a lo largo del viaje: van desde llevar la vista al frente, observar el paisaje, omitir la comida chatarra, no voltear jamás hacia atrás aunque la plática esté de lo más interesante, moverse junto con el auto, seguir las curvas, sentirlas...
Fueron tantos y tan variados los remedios que aplicaron para evitar que me mareara, que ya se me habían olvidado. Cuando era niña, mi familia acostumbraba salir de paseo fuera de la ciudad casi todos los fines de semana, y en vacaciones, las horas en carretera eran más de lo que cualquier niño pudiera soportar. Mi estómago se encargaba de manifestarse en contra y luego había que hacer paradas de emergencia. Mis papás se han de haber puesto de acuerdo para encontrar alguna solución. Supongo que les funcionó, es más, creo que fue gracias a ellos que ahora tengo esa necesidad, no es solamente un gusto, cada tanto tiempo la detecto, y entonces, debo tomar cualquier medio de transporte y salir de la ciudad: en bicicleta, camión o coche, salir del camino, poner los pies sobre la tierra o el agua, y sentir, ver un espacio abierto y respirarlo, dejarlo entrar por todos los sentidos.
Los remedios iban desde un periódico pegado al estómago que lo único que lograba era que me mantuviera quieta pues era de lo más incómodo y ruidoso (hasta la fecha no he logrado entender el fundamento científico que hizo creer a mi madre que un periódico podía conseguir que mi estómago se quedara tranquilo), también recuerdo que me daban limón y yo me comía hasta la cáscara; una vez mi padre me regaló una piedra, me contó una historia y me dijo que un chamán se la dio cuando le platicó el motivo por el que esperaba afuera del baño en mitad de alguna carretera (nunca se me ocurrió cuestionar la veracidad de la historia) y le dijo que mientras la tuviera en mi mano jamás me marearía (perdí la piedra, seguramente mientras me bajaba a echar las tripas y su contenido); al final, lo único que funcionó fue el aire, así que mi papá me daba permiso de sacar casi la mitad del cuerpo para sentirlo, si el camino lo permitía, podía sentarme en la ventana y sujetarme de la parrilla en el techo de la camioneta. Nadie protestaba por la ventana abierta, creo que me preferían afuera que adentro con la cara verde. De esa manera pude tocar las hojas, escuchar el agua, ver el color de las piedras y los insectos, ver las aves y el cielo. Jamás, jamás volvía a marearme.
Entendí por qué relaciono el viento en la cara con esa sensación de bienestar, entendí que el viento no viene solo, trae consigo el resto de las sensaciones y los aromas. Entendí que sólo saberlo me emociona. Entendí que no soy la única, habemos muchos y compartimos códigos. No he vuelto a marearme desde hace años, el viento hace maravillas, no sólo para evitar el mareo, aleja lo que no se necesita y acerca lo esencial.
3.11.07
Frío
25.10.07
Sabor a otoño
22.10.07
13.10.07
En días como éstesol luz cielo tiempo
desearía extender los segundos
y tirarme contigo a ver televisión, leer una revista o escuchar un sueño.
Veo a un hombre que barre la calle.
Me pregunto en qué piensa mientras espanta el polvo que cubre sus años. ¿Soñará con él mismo? ¿Pensará en lo que solía ser, en la vida que tuvo antes de esta vida llena de escobas, de tiempo, de esperas y recuerdos? ¿pensará en lo que cuenta por las tardes en que se acerca a saludar o a comentar sobre el clima?
Saluda mientras se esconde detrás de la reja, con un periódico y una taza de café, como un niño al que su madre le ha dicho que no debe salir de casa, como quien espera que lo invites a jugar, como quien construye un personaje que se llama como él, que tiene una vida como la que él tuvo. Da un sorbo al segundo café de la mañana, mientras retuerce unos dedos nerviosos.
El hombre que barre la calle levanta el polvo y juega al sol. Desea quitarse los zapatos de oficina y sentir sus pies desnudos sobre la tierra que espanta de su vida.
Recuerda que él es un hombre decente, recuerda que algún día recibirá una llamada, que camisas limpias y zapatos lustrados esperan ese momento. Sus pies esperan y sueñan con la sensación de la tierra fresca a través de esa suela de cuero.
Qué pensaría el joven que ahora ocupa su oficina y que no hará esa llamada, qué pensarían sus hijos si llegan en este momento y lo encuentran jugando al sol y a la tierra, qué pensaría la mujer de la esquina, qué pensaría el hombre que fue.
En días como éste
polvo agua luz vida
8.10.07
Xtáasi Hant Comcáac

4.10.07
Escribir para no olvidar :: Recordar para no volver a vivir.
Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.
León Gieco
En mi casa muchas cosas no se hablaban. En mi casa no sabíamos. Parecía que el mundo exterior no era importante, las cosas que sucedían a los demás no eran importantes porque no se hablaban, de alguna manera, el silencio construía una barrera y no veíamos lo que pasaba a nuestro alrededor. Así crecimos, sin darnos cuenta de lo que pasaba fuera de nuestro pequeño mundo. La primera vez que pregunté a mi madre por qué nadie me había contado lo que pasó en 1968, su respuesta fue: porque pasó hace mucho y tú eras muy niña, eran unos rojillos que protestaban por algo...no recuerdo qué...y sí, mataron a algunos, pero eso fue hace mucho. Yo no pregunté más, porque en mi casa, como en muchas otras casas, se compraba el periódico o se encendía el televisor para ver las noticias, al parecer nadie las escuchaba porque no se comentaban y tampoco importaba lo que pasara fuera de nuestro pequeño espacio. En ese momento sentí lástima por nosotros, por nuestra ignorancia y egoísmo, por nuestra barrera de silencio, por desentendernos del mundo.
Hace 10 años que vivo en esta ciudad y durante este tiempo nadie me habló de lo que pasó en 1967 ó en 1973, nadie parece saber qué pasó. De alguna u otra forma, todos escucharon, leyeron, vivieron o conocieron a alguien que participó en los movimientos estudiantiles, pero parece ser que han quedado muy lejos o prefieren no recordar. Así pasa. Las personas olvidan y crean una barrera a su alrededor. Afortunadamente, con el paso del tiempo encontré personas a quienes sí les importaba y sí recordaban. Compartieron su experiencia conmigo y se los agradezco. Les pregunto a mis alumnos si saben algo sobre los movimientos estudiantiles en Sonora y su respuesta es no. Nadie les ha hablado de ellos. Es como si nada hubiera pasado. El problema es que sí pasó y nadie quiere recordarlo; y quienes nacieron después de la década de los 70’s es probable que no lleguen a escuchar hablar de ello.
Este verano, Martín Piña me platicó sobre La hora de los hornos (Unison: 2007), recién le habían entregado los primeros ejemplares y amablemente me regaló uno. Él no lo sabe, pero con esa lectura se abrió de nuevo la puerta a las dudas y las preguntas. Ése es el motivo por el que esta noche estoy aquí, porque deseo que así como en mí surgieron preguntas, La hora de los hornos abra la posibilidad del diálogo en múltiples espacios, que surjan las dudas y se busquen respuestas. Martín Piña escribe La hora de los hornos, porque desea que esta historia quede en la memoria, porque espera que a partir de los recuerdos de Pedro Medina, el personaje principal, los hechos se discutan y resignifiquen, porque espera que la vida de los estudiantes perseguidos y desaparecidos tenga un nuevo significado y no quede, como sus cuerpos, oculta, hundida o enterrada en el olvido. Su intención es rescatar y colocar en la mesa de diálogo un evento que trascendió las fronteras del estado, lo hace desde su perspectiva y desde lo que él sabe hacer: narrar. Presta su voz a los estudiantes, relata sus motivos y circunstancias, los humaniza y les permite volver a vivir entre nosotros.
Pedro Medina representa la síntesis de todo un movimiento. Pedro recuerda y el narrador, en una prosa sencilla transmite sus pensamientos: “Pasados más de treinta años de los sucesos, Pedro Medina caía en cuenta de no haber sido abrumado por la tormenta de la nostalgia, sino hasta aquellos momentos en que lo arrancó repentinamente de la realidad para arrastrarlo por los vericuetos obstruidos de la memoria, al territorio empolvado de los recuerdos, antes de que el tiempo los transformara en basura del olvido.” Desde un presente enunciativo, revive el trayecto que recorrió aquel día en una patrulla de policía mientras era conducido a prisión. Hubo un muerto, era oficial de tránsito; hubo un interrogatorio y torturas para obligar a un sospechoso a declararse culpable. La sociedad espera, exige un culpable. Y Pedro recuerda, las sensaciones que se despiertan a lo largo del trayecto lo llevan a su infancia y adolescencia, revalora los momentos que alguna vez parecieron insignificantes. Reconstruye su historia y la de su familia. Revalora los motivos que le hicieron simpatizar con el movimiento y sus reclamos hacia una autoridad que no deseaba tomar en cuenta la opinión de los estudiantes, un movimiento que, por diversas circunstancias se salió de control y formó parte de la exigencia unificada de los jóvenes alrededor del mundo: ser escuchados. Pedro recapitula los acuerdos, la represión, las persecuciones, los desaparecidos. Debo destacar el magistral empleo del tiempo dentro de la historia, utilizando la analepsis como recurso, la memoria de Pedro Medina viaja en el tiempo, sin seguir una línea cronológica sino los motivos en la mente del personaje, y junto con él nosotros, los lectores, viajamos hacia una época en donde ser idealista no es una característica extraña a la juventud. Así, su memoria nos permite adentrarnos en diversos contextos y momentos históricos, establecer una conexión entre ellos, unificándolos en ese último momento, en el que el personaje se encuentra y desde el que reflexiona: “Ahora todo es pasado –piensa Pedro-. El tiempo, a pesar de no curar todo, por lo menos ayuda a amortiguar la experiencia y la cruda realidad que se impone a uno como destino irremediable...Comprobaba que las circunstancias le hacen a uno moverse, las oportunidades, la mala suerte repentina, el inesperado azar y los más o menos violentos misterios de la vida: el nacer, el morir, las pasiones diarias como la ambición efímera del poder, el amor traicionero y el veneno de la envidia.”
Será la voz del narrador la que nos permita conocer la historia de Pedro y sus compañeros; de las autoridades que intervinieron en los sucesos, de los familiares que enfrentaron las pérdidas. Utilizando una prosa fluida, en algunos momentos poética, el discurso del narrador mantendrá al lector atento a los sucesos; un narrador que cumple la función de alter ego, a través de él, el autor aparece de manera constante: evaluando las acciones de uno y otro bando, deja clara cual es su postura frente a los hechos, matiza la Historia, con la seguridad con que habla quien sabe que su posición es justa. Más adelante, el narrador continúa con la reflexión iniciada por Pedro: “Porque aún a pesar de la acción y de las ilusiones frustradas, no pierde uno nada con continuar soñando y pensar en toda esta inverosímil realidad que nunca tendrá tiempo para hacerse justicia: que algún día vendrán nuevos instantes en el infinito transcurrir de los instantes, de comprensión y tolerancia, de piedad y equidad que nos hagan llegar al final de nuestra era humana como hermanos, compartiendo lo último que quedará de la tierra al final de su existencia sentenciada a muerte, compartiendo, si se quiere, la fugaz creación de las cosas, de la cultura, del amor al hombre, a la golpeada naturaleza.”
Martín Piña cumple así con su propósito, ha abierto la posibilidad al diálogo, presenta ante nosotros La hora de los hornos como el inicio de este debate, pues la intención es precisamente la permanencia en la memoria, en nuestra memoria, la de todos: la de los jóvenes que no han escuchado hablar de un suceso que casi nadie parece recordar, de quienes lo vivieron directa o indirectamente, un tema del que poco se ha dicho y queda aún mucho por decir. Evitemos, pues, el silencio y revaloremos el significado que este movimiento tiene en nuestros días. Permitamos a la memoria ser, retomo unos versos de León Gieco “La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre como el viento”.
30.9.07
El fin de una estrella
21.9.07
Retratando al fotógrafo
18.9.07
Luna de Agua
12.9.07
Demoliciones, S.A.
Si alguno de ustedes quiere vengarse de un enemigo, destruir su vida, su patrimonio, su paz interior sólo tiene que regalarle un lindo conejito a sus hijos, moño incluido, sonreír y darse la media vuelta. El resto será esperar a que la catástrofe se presente.

La verdad oculta: una plaga que sólo espera a que te descuides para destruir todo lo que se encuentra a su alrededor, es decir, tu casa o la de quienes tú decidas. Aquí aparece comiendo lechuga, pero inmediatamente después de que terminó con ella continuó con los muebles de la cocina, un sillón, la pintura de la pared...al parecer los conejos se resisten a ser educados, sólo sirven para dos cosas...una de ellas es destruir...
9.9.07
5.9.07
Undó
- Mamá, sería padre tener la función de “undó” (léase undó no andu, porque así fue en nuestra conversación) activada en nuestra vida.
- ¿Cómo? ¿Qué es la función de undó?
- La de flechita que te regresa.
- ¿Cuál flechita?
- La de word. En la computadora. La que picas cada vez que te equivocas y quieres regresar las cosas como estaban antes.
- Sería fantástico, amor. ¿Qué harías si tuvieras un undo para ti?
- Regresaría el tiempo cuando mi hermana pide el asiento de enfrente antes que yo.
- ¿Sí?
- También le podría dar una patada a los niños que se meten en la fila de la tiendita y no se darían cuenta que yo les pegué, tal vez ni siquiera se acuerden que les pegué, yo sabría que les di un buen patadón y eso nadie me lo quita.
- ¿Y si la que no se acuerda eres tú ? Yo le gritaría a la “gorda poderosa” de las tortillas, le diría que es una maldita bruja amargada y tendría tiempo de salir corriendo antes de que me alcance con su brazo de Popeye.
- Yo le pegaría a Ricardo cuando me empieza a molestar en la escuela.
- Cuánta violencia...¿crees que podamos usar el undo para algo que no sea golpear o gritar?
- Paulina lo podría usar cuando te contesta feo, para que no te enojes.
- Sí, eso sería bueno, poder regresar el tiempo cuando decimos algo que lastima a los demás. Me serviría bastante, suelo decir muchas estupideces.
- Cuando tenga muchas ganas de una paleta puedo ir a la tiendita, abrir una y cuando me la haya comido regreso el tiempo y listo, me voy.
- ¿Y si cuando regreses el tiempo todavía tienes ganas de una paleta?
- Puedo volverlo a hacer otra vez. Muchas veces, hasta que me canse de comer paletas.
- Creo que eso se llama robar, ¿no? ¿Y si tú fueras la dueña de la tiendita? ¿Sabes que sería bueno?
- ¿Qué?
- Que nos apareciera esa leyenda de advertencia antes de hacer algo de lo que nos podemos arrepentir, la que te dice: “There’s no undo feature” ¿Está seguro de hacer/decir/tirar/cerrar/comer, etc. esto? Y entonces podrías pensarla dos veces antes de hacer algo de lo que seguramente te vas a arrepentir.
- Pues sí, eso estaría bien, pero se acaba todo lo divertido, a mí si me gustaría tener un undo.
- ¿Pero si todos tenemos la función undo todos podríamos hacer lo que nos diera la gana y regresar el tiempo.
- ¡Ay, mamá...! ¡Qué aburrida! Siempre piensas cosas para acabar con la diversión.
- ¿Y si uso el undo?
2.9.07
Un fantasma
Las piedras pueden tener hábitos extraños, como pasar toda su vida en un mismo lugar, guardar insectos o plantas en su interior, fracturarse de vez en cuando, caer y tomar formas versátiles o cubrirse de musgo, si bien les va. Las piedras son extrañas, pero así me gustan. Las colecciono. Llegué a tener una colección enorme de piedras que levantaba sin querer mientras caminaba, decidía quedarme con ellas cuando algo importante sucedía mientras las sostenía en mi mano o las guardaba en alguna bolsa del pantalón, creía que de esa manera iba a recordar ese momento por siempre, pero no fue así, digo, los momentos los sigo recordando, pero las piedras eran tantas que difícilmente me acordaba dónde o en qué momento cada una había llegado a mí.
Comenzaron ocupando una esquina del buró junto a mi cama hasta que llegó un momento que había más piedras que otras cosas. Les destiné un lugar especial. La colección creció poco a poco pues uno no vive momentos importantes todos los días, y si los vive no siempre está consciente de ello. Un día tuve que irme de ahí y las piedras no pudieron ir conmigo, algunas, las más grandes, las encontré en casa de mis vecinos un día que fui a visitarlos. Pero ahora se trata de una piedra en especial, o del fantasma de ella, que ahora me visitó.
Tomé la piedra antes de salir de casa y la tuve en mi mano todo el camino. Memoricé su forma exacta, la figura que alguien había labrado en ella, sus colores, las capas que la formaban. Sabía exactamente lo que debía hacer, pero no lo hice, cuando menos en el viaje de ida. Al regreso la piedra seguía conmigo y entonces le hablé, le conté la historia de cómo había llegado a ser tan importante y por qué ahora debía guardarla en un lugar del que nada ni nadie podría hacerla regresar. Al parecer lo entendió y estuvo de acuerdo en guardar esa historia hasta el fin de los tiempos. Esperé a llegar al lugar indicado, entonces la solté y ella fue a dar al fondo del mar.
Es por eso que me asombró encontrarla ahí, tan tranquila, en el centro de esa habitación, como si quisiera decir, he regresado para traerte la historia de nuevo y puedas rescribirla. Las piedras son extrañas, no hay duda, no hice más preguntas y la levanté, seguramente hoy era un día importante y yo todavía no lo sabía.
29.8.07
La lógica y la salud dental
- No, no lo arregles.
- ¿Por qué?
- ¿Sabes?...es que...en realidad es bueno...
- ¿Qué?
- El baño.
- ¿Por qué lo dices?
- Mira, es que lo bueno es la luz.
- ¿Qué tiene la luz?
- La que me recuerda.
- La que te recuerda..¿qué?
- Que me tengo que lavar los dientes, claro.
- ¡Ah!...No, no entiendo.
- Mira, cada vez que paso por el baño pasa lo mismo...
- ¿Sí? ¿Qué pasa?
- Es la luz, la que se prende sola.
- ¿Sí?
- Es que no sirve el botoncito.
- ¿El apagador?
- Sí.
- Por eso estamos aquí, para comprar un apagador nuevo.
- Pero yo digo que es bueno, por eso, porque cuando yo paso por el baño
veo que la luz está prendida, porque siempre se prende sola, y cuando voy
a apagarla veo los cepillos de dientes y me acuerdo que no me los he
lavado, entonces entro sólo para apagar la luz y salgo con los dientes
limpios. Por eso digo.
- Tienes razón.
- ¿Qué?
- Que es bueno.
- Sí.
- Mejor no arreglamos el apagador, no queremos que dejes de lavarte los
dientes.
- Ves...eso es lo que decía, que es bueno.
23.8.07
Levanten la mano
Gracias, bájenla.
Los niños que hayan perdido a su mamá: levanten la mano.
Gracias, bájenla.
Los niños que hayan perdido a un hermano o a una hermana; a sus abuelos, o a uno de ellos, o a un tío querido o a una tía que los crió: levanten la mano. Gracias, bájenla.
Los niños que no levantaron la mano: tienen la tarde libre, salgan de la escuela y corran a sus casas a abrazar y abrazar, hasta cansarse.
20.8.07
k psría?
¿Evitaría el cambio que está sufriendo el idioma?
¿Provocaría una conciencia sobre la importancia de cuidar la forma al expresarnos por escrito?
¿Perdemos demasiado tiempo escribiendo correctamente?
¿Atentaría contra la libertad de expresión?
Estas preguntas, y espero que muchas más, las discutirán los muchachos en clase, por lo pronto a mí me gustaría saber qué piensan ustedes.
14.8.07
Tarde de parque
El otro, 4 ó 5 años, era un pequeño ajeno a las preocupaciones de su madre y hermano, platicaba con una niña en los columpios, cabello oscuro, cuerpo ágil y brazos fuertes, lucía unos lentes oscuros que le daban personalidad (cuando menos él lo creía), se levantaba limpiándose el polvo como si nada, no le importaba caerse ni las ampollas que el pasamanos pudiera causarle (al grito de ella pidiéndole que se bajara pues se tallaría las manos, solamente gritó: no importa, se curan).
Sentados sobre el pasamanos, cada uno en un extremo. El mayor le dice: ¿jugamos a tirarnos? te asomas y te tiras, a lo mejor vuelas. El pequeño lo piensa un segundo y contesta: no, me pego en la cabeza. El mayor le dice: crúzalo por arriba. El pequeño lo piensa un segundo, no puede resistir el reto y lo intenta, se detiene a la mitad y no sabe qué hacer, intenta regresar. El mayor, que lo esperaba en la orilla opuesta, baja de inmediato y sube por el lado de su hermano. Comienza a tirar de sus pies, lo empuja, lo jalonea. Quiere tirarlo. El pequeño se sujeta fuerte, muy fuerte, y alcanza a soltar su pierna, la mueve para que su hermano no pueda jalarlo de nuevo, casi lo tira. El mayor por poco pierde el equilibrio, se detiene con las dos manos, deja en paz la pierna de su hermano y baja sin decir una palabra. Retrocede dos pasos y mira a su hermano pequeño, (casi me atrevo a decir que había odio), entonces se va a los columpios. El pequeño baja del pasamanos, se acerca y le dice a su mamá: mamá, mi hermano quería tirarme para que me muriera. La mamá responde: ¿cómo se te ocurren esas cosas?, vete a jugar y no te ensucies.
10.8.07
8.8.07

5.8.07
HERas
eras el sentido de las horas
eras duda dentro del sueño
eras soledad de nautilius
eras pluma sobre la espalda de las palabras
eras carta sin destinatario
eras vino de la mejor cosecha
eras cuerpo lanzado al vacío
eras oculta en ese vacío
eras escama arrancada sin piedad
eras corazón latetente arrancado en la batalla
eras camino hacia el océano
eras la ruta del deseo
eras el deshielo de mi piel
eras aire flotando en este espacio
eras el cuento de mi infancia
eras balanza sin fiel
eras barro primigenio
eras la pregunta eterna
eras máscara del tiempo
eras los surcos en mi rostro
eras alas de la noche
eras espora del vacío
eras la cuadratura del círculo
eras línea del horizonte
eras la libertad a medias
eras el próximo minuto
eras flotante y lejana
eras el destino inevitable.
4.8.07
31.7.07
wormucking
El agua cae sobre esta ciudad y derriba árboles que caen sobre autos, como lluvia, los árboles caen y descansan sobre una calle y yo me acerco porque quiero ver cómo es que se ve un árbol tendido bajo la lluvia, el árbol dice: estoy cansado de estar de pie, quiero dormir un poco, y se recuesta; y en su sueño no se da cuenta que cae sobre un auto y el sueño se convierte en una pesadilla, la pesadilla de alguien que no soy yo, tampoco es éste el sueño del árbol. Él descansa y yo acudo a velar su sueño. Él descansa y sueña que se ha convertido en lluvia, yo le acompaño, mientra lo veo dormir. El árbol se ha tendido, duerme sobre el pavimento, ahora esta calle ha quedado desnuda de él y su sombra, como yo, que camino bajo el agua, después de soñar que me convertía en una sábana tendida al sol tras una noche de lluvia.
26.7.07
Lluvia
21.7.07
18.7.07
Un vestido
13.7.07
10.7.07
El Juego
REGLAS:
1. Cada jugador(a) comienza con un listado de 8 cosas sobre sí mismo.
2. Tiene que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
3. Tiene que seleccionar a 8 personas más para invitarlos a jugar y anotar sus blogs/nombres.
4. Hay que dejar un comentario en sus blogs para avisarles que han sido invitados a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".
Aquí van ocho cosas sobre mí, aunque puedo contarles algunas más, igualmente intrascendentes.
1. El mar es todo. Sentarme en una playa y ver el mar, es genial, pero hay algo todavía mejor: bucear. No hay nada mejor, bueno, casi nada.
2. Hace siete años que inicié la carrera de Letras, al paso que voy me faltan dos años más, terminaré siendo parte del inventario de la escuela, a menos que consiga un buen trabajo vespertino que me permita ir a clases por la mañana.
3. Me gusta caminar, cualquier espacio sin calles ni banquetas es la primera opción: campo, playa, cerros, desierto; si la caminata es en la ciudad, prefiero que sea de noche.
4. Odio las cucarachas. Simplemente es algo fuera de mi control. Quien me ha visto saltar cuando diviso una cucaracha, por su caminar nervioso o un destello de sus alas, puede comprobar que digo la verdad. Cuando vuelan, no respondo.
5. No sé contar chistes, pero disfruto enormemente que me hagan reír.
6. A veces me da por comer barro, no cualquier barro, tiene que ser un barro dulce, suave, que tenga sabor a lugar bajo las sombras, a río, a lluvia.
7. Me da miedo ir al dentista, podrían torturarme con una grabación del sonido que se escucha detrás de la puerta mientras le perforan las muelas a alguien más y yo sólo puedo pensar que soy la siguiente víctima.
8. Me gusta que me cuenten cuentos, historias, será por eso que voy a todas las funciones de cuenta cuentos y al cine por la noche, para que alguien me cuente un cuento antes de dormir.
Ahora la invitación es para:
1. Marielos http://dejeusted.blogspot.com/
2. Franco http://harveyoswald.blogspot.com/
3. Omar http://laroturaconstantedelascosas.blogspot.com/
4. Manuel http://www.dondevaparartodanariz.blogspot.com/
5. Letty http://pleiade.lunasexta.org/
6. Martín http://www.elmismisimo.blogspot.com/
7. Raúl http://quieneselsanto.blogspot.com/
8. Irahí http://www.julianas-muffin.blogspot.com/
Espero que no los hayan invitado ya, otros blogs que suelo visitar ya están jugando.
5.7.07
Intercambio
/ ¿Me das una foto? Si tú me das una tuya. / ¿Le pides una foto a X y me la das? / Tengo fotos tuyas desde primero de secundaria, nada más me falta ésta. / Te cambio una de X por una de Y. / Escríbele algo atrás, así nadie pensará que te la robé. / Para una gran amiga. Te estimo como a nadie. PD. Tú también acuérdate del día de las inscripciones. / Para Lorena con mucho cariño. / Ojalá seamos amigas siempre. / Amiga, te quiero. / Para Lorena / Para Lorena. Recuerdo del día que no quisiste ser mi novia. / Votas por la planilla roja. / Recuerdo de nuestro último año de secundaria. / Recuerdo de mí para ti. /.../
Ya no los recordaba: Nora, aquella amiga que estaba enamorada de mi novio de preparatoria. Izcoátl, siempre nos hacía reír. Ubaldo, tenía gustos extraños. Jesús, estaba muy guapo y aún tenía cabello, era mi mejor amigo en la universidad. Valverde, caminaba con él de regreso de la prepa, vivíamos a una cuadra, en las noches iba a la casa y jugábamos yexes. Fabiola y Marcela, mis amigas, las de las pintas, los viajes, el basquet, el chinchilagua, brincarnos las bardas, los mejores tiempos, los mejores. Patty, no puedo creer que ya no esté. Zazo, sonriente. Sergio, nos decíamos hermanitos, yo creo que nos gustábamos. Sergio, otro, una vez se tiró uno en clase de música. Eva, no sé que ha sido de ella. Pedro, el primer niño que me pidió que fuera su novia, le dije que sí y nunca nos volvimos a hablar; me robé su foto del archivo. Brissia, mi amiga. Marco, se parecía al Conde Contar. Gela, siempre quiso ser doctora. Gaby, mi amiga de la infancia, se fue a vivir a México, cuando regresó ya no pudimos ser amigas como antes. Lidia, Graciela, Ana, Arturo...no sé cómo cabe tanto en un sobre tan simple.
29.6.07
21.6.07
Sin planear es mejor

Recibo una llamada antes de las 8 de la mañana, venía de dejar a mis hijas en la escuela.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Además de ir a un taller por la mañana, no lo sé, ¿por?
- Voy a probar una cámara a la isla, ¿te animas?
(Pasaron unos 10 segundos en los que repasé mis responsabilidades del día y las comparé con mis ganas de tirarme al agua, algo que se estaba volviendo una necesidad imperiosa).
- Estoy pensando.
- El problema es que sólo tenemos cuatro tanques.
- Yo tengo dos tanques llenos del año pasado, espero que el aire esté bueno todavía.
- ¿Entonces?
- En media hora estoy ahí.
En la cocina dejé un recado para mis hijas: “Me fui a bucear, regreso en la noche”. Nunca lo había hecho, no suelo ser irresponsable, de verdad necesitaba meterme al agua, ellas lo entendieron, lo supe por el mensaje que dejaron en mi celular: “Qué padre que te fuiste a bucear, nos vemos más tarde”.
¿Cómo decirlo? Es el aire en la cara cuando te subes a la lancha y empieza a saltar sobre las olas, con eso bastaría, la sola brisa sería suficiente para sentirse bien, sin embargo, hay más. Es el sonido del agua cuando saltamos sobre ella, cuando ella salta sobre nosotros, es el sonido y la sensación del agua en la cara. Es el agua con la que juegas al romper la estela con los pies o las manos, cuando sientes cómo golpea y te hace cosquillas. Hay más, es el color del agua, es lo inmenso, es acercarse a la isla y seguir más allá, buscar un lugar, cuando hay tantos lugares, todos los lugares, quieres recorrer todo el espacio.
Fueron dos buceos geniales, no quería que se me notara la emoción pero creo que fue difícil ocultarla. Recordar algo que sabes hacer desde dentro de ti, que se ha vuelto parte de tu naturaleza y por eso no importa si hace un año que no te metes al agua, todo está bien, es como volver a casa. Ni siquiera sentí frío, claro, me metí en un traje, debajo del agua soy como la Barbie rosa, todo es rosa, mi traje, mi visor, mis aletas, todo...hasta los guantes, pero es una estrategia que funciona, eres fácil de identificar y si algo se pierde es fácil encontrarlo. Cuando menos funcionó esta vez con mi compañero que estaba más que distraído sacando callos y sólo regresaba de tiempo en tiempo para ver si todavía seguía ahí.
El resumen: una sonrisa inmensa. En la superficie vimos una ballena, fue genial, salió a respirar dos veces y lentamente se sumergió, como si quisiera que la disfrutáramos, vimos delfines y una caguama, tan cerca que pude ver el brillo en sus ojos y las formaciones sobre su caparazón. En el fondo, además de flotar, escuchar mi respiración, dar vueltas y ser muy feliz, vi langostas, peces juveniles (cuando están chiquitos son de colores brillantes, distintos a los que tendrá cuando sean adultos), vi muchos pulpos, cangrejos araña, un cangrejo ermitaño de los que cargan con un coral cuerno de venado (me encantan, tienen una relación genial), coral blando de muchos tipos y colores, es como un campo de flores, peces, muchos peces, busqué nudibranquios y caballitos de mar pero no encontré ninguno.
Si hay algo que disfruto hacer, es esto. De verdad me gusta, tanto que me olvido de todo lo que queda en la superficie, bajo el agua todo está bien. Es observar la vida, ser testigo de ella, es estar conmigo, es no temer a nada, a nada. Bajo el agua todo es armonía, suena cursi, pero es verdad. Cada elemento está ahí por un motivo y la naturaleza encuentra el camino para seguir. Cuando estoy ahí, bajo el agua, pienso que quizá la naturaleza encontrará el modo de salir adelante a pesar de nosotros, quizá nos sacuda un poco, quizá se deshaga de nosotros, quizá le estorbemos, es lo más seguro.
Lo mejor es que Silvia no pudo probar su cámara, hacía falta un accesorio, así que una vez que llegue, en dos semanas, repetiremos la experiencia.
17.6.07
15.6.07

Es esta casa.
Antes de vivir aquí nunca había tenido problemas con ratones ni ratas. Cuando era niña tuve una rata blanca, luego un cuyo y, años después, un hamster. Es distinto, ellos eran huéspedes. Desde que vivo aquí, cada verano es lo mismo. Fuera de la vecina gritona y el borracho despechado que escucha música de madrugada, éste suele ser un barrio tranquilo, pero llega el verano y todo cambia. De la nada oscura y terrible que son las cañerías surgen, caminan e invaden. Yo no puedo salir de noche al patio, es peor que si estuviera Freddy, con todo y playera de rayas, esperando por mí.
Tuve un encuentro con una enorme rata, no fue tan cercano, pero sí lo suficiente como para alcanzar a ver cómo se desplazaba dentro de ese pequeño patio que no sirve para nada. Alcancé a ver su tamaño, su color, su caminar lento junto a la pared. Supongo que no le gustó que saliera dispuesta a barrer y menos que echara agua y jabón. Decidió salir a buscar otro lugar más tranquilo. Fue entonces cuando la vi. Mi reacción fue entrar de nuevo a la casa, después de pegar un grito como de espíritu que está siendo exorcizado y cerrar la puerta inútil del patio inútil. Tomé algo de veneno y unas trampas pegajosas que guardo desde el último encuentro. Lo peor fue que al regresar vi que la puerta inútil del patio inútil estaba abierta, seguro en mi prisa por huir de ahí olvidé cerrar bien.
Por eso ahora estoy aquí, sentada en mi cama, con la luz encendida. El exterminador dijo que no puede hacer nada y sólo se dignó a colocar unas bolitas azules por aquí y por allá. Y se fue, no hizo nada más. Lo peor fue cuando dijo que nunca sabría si la rata se murió porque el veneno la seca y, según él, el animal no despide olor a rata podrida. Lo bueno fue que no me cobró, seguro mi cara de angustia fue suficiente. Ahora pienso que puede haber una rata muerta en algún rincón de la casa. Yo que pensaba que al cerrar la puerta la rata se quedaría atrapada en ese patio inútil, pero no, ahora puede estar en cualquier lugar. Por el tamaño del animal sé que para estas horas ya lo hubiera visto si es que estuviera aquí. De cualquier forma no puedo dormir. Y odio mi casa y odio no poder hablarte y decirte que me ayudes a encontrarla y te deshagas de ella con ese pedazo de varilla que sólo servía para matar ratones y que seas un héroe y que esta casa vuelva a ser lo que era cuando era.
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